El Justicialista del Aire - HISTORIANDOLA

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El Justicialista del Aire

La gesta de la Fábrica Militar de Aviones y el IA-35 como símbolo de una Argentina industrial y pujante que desafió al destino de ser solo el granero del mundo. Entre el ingenio de Kurt Tank y la voluntad política de un Estado presente, el Justicialista nació para demostrar que la independencia económica no es una utopía sino una construcción cotidiana de acero, motores y dignidad nacional.




La historia de la industria aeronáutica argentina no es simplemente una sucesión de diseños técnicos o registros de vuelo; es, ante todo, el relato de una batalla cultural y política por la autodeterminación. Hubo un tiempo en que la Argentina no se arrodillaba ante los mandatos del mercado externo ni aceptaba la receta de la sumisión manufacturera. En ese contexto de ebullición soberana, el 7 de septiembre de 1953, el cielo de Córdoba fue testigo del primer vuelo del IA-35, una máquina que cargaba sobre sus alas mucho más que combustible: transportaba el anhelo de una nación que se atrevía a fabricar lo que necesitaba. "Al avión se lo denominó Justicialista del Aire", y ese nombre no era un capricho semántico, sino una declaración de principios sobre quiénes debían ser los dueños de la tecnología en una patria que se pretendía justa, libre y soberana. Bajo el mando del 1º teniente Jorge Conan Doyle, aquel prototipo se elevó para decirle al mundo que el desarrollo no era propiedad exclusiva de las potencias del norte.

El diseño del IA-35 fue el resultado de una sinergia poderosa entre el saber local y la experiencia de técnicos extranjeros que encontraron en estas tierras el apoyo que el capital financiero suele negar a la innovación real. Diseñado por el ingeniero alemán Paul Klages y el profesor Kurt Tank, este bimotor multipropósito comenzó sus estudios en 1950. . No era un proyecto aislado, sino el corazón de un plan integral de la Fábrica Militar de Aviones (FMA) para dotar a la Fuerza Aérea de una herramienta versátil y, sobre todo, fabricada con manos argentinas. La estructura del avión revelaba un nivel de sofisticación que hoy, en tiempos de desmantelamiento industrial y discursos que desprecian lo público, parece una leyenda de otra galaxia. El IA-35 poseía un "fuselaje semimonocoque con refuerzos longitudinales, con estructura y revestimiento totalmente metálicos",  una pieza de ingeniería que dividía su cuerpo en cuatro partes fundamentales, desde una proa desmontable hasta un empenaje de diseño preciso que garantizaba estabilidad y seguridad en cada maniobra. . Con una envergadura de 19,60 metros y una superficie alar de 42 m², el avión se presentaba como una estructura imponente capaz de desafiar las leyes de la física y las de la dependencia

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Sin embargo, la historia del Justicialista del Aire es también la historia de los obstáculos que los sectores reaccionarios siempre han puesto a la soberanía económica. En 1954, mientras se realizaban las pruebas, la FMA entró en un receso por reorganizaciones estructurales, y poco después, en 1955, el cambio de vientos políticos en el país —esa interrupción violenta de los procesos populares que tanto daño ha hecho a nuestra continuidad institucional— provocó que muchos técnicos alemanes decidieran emigrar. Pero la semilla de la industria ya estaba plantada. A pesar de los intentos por desguazar el proyecto, el IA-35 no solo era necesario para la defensa nacional, sino que resultaba ser "viable para las posibilidades técnicas y económicas de la FMA".  Fue así como en 1956, con un nuevo impulso, el proyecto sobrevivió, aunque con un nombre menos "peligroso" para los censores de la época: pasó a llamarse "Huanquero". . 


La versatilidad del Huanquero era el reflejo de un Estado que pensaba en todas las necesidades de su pueblo. No se trataba solo de un avión de combate. Las proyecciones contemplaban diversas versiones que hoy harían palidecer cualquier propuesta de ajuste fiscal. La versión IA funcionaba como un "entrenador avanzado para pilotos y navegantes, con un instructor y cuatro alumnos", mientras que la versión IB servía como entrenador de armamento equipado con ametralladoras Browning y cohetes. Pero lo más destacable era su vocación social: la versión III estaba configurada como una "ambulancia con 4 camillas y un enfermero", y la IV se destinaba al "relevamiento fotográfico, con cámara Fairchild 225 y un operador". Esta capacidad multipropósito demuestra que la inversión en tecnología estatal tiene un retorno social incalculable, algo que los profetas del libre mercado, obsesionados con la rentabilidad inmediata de los balances contables, jamás podrán entender. Para ellos, un avión es una mercancía; para nosotros, el Huanquero era soberanía aérea y justicia distribuida.




El corazón de esta bestia del aire eran sus motores radiales "I.Ae. 19. El Indio de 9 cilindros en estrella enfriado por aire, de 650 hp".  Estos motores, también de factura nacional, movían sendas hélices tripala Rotol de paso variable y velocidad constante. Era la Argentina fabricando potencia, generando trabajo genuino y tecnificando a sus obreros. Porque detrás de cada remache del IA-35 había una familia con derechos, un operario con futuro y un país que no necesitaba pedir permiso para surcar sus propios cielos. El ritmo de fabricación, aunque interrumpido por los vaivenes políticos, dejó un saldo de 47 unidades producidas hasta 1962. . Estos aviones prestaron servicios fundamentales en la II Brigada Aérea con asiento en Reconquista hasta 1974, demostrando una robustez que solo la producción nacional con sentido de pertenencia puede garantizar.. Sus especificaciones técnicas no dejaban lugar a dudas: alcanzaba una velocidad máxima de 361 km/h a 3.000 metros de altura y poseía un alcance de 1.570 km, números que respaldaban una autonomía política real..

Pero la evolución no se detuvo allí, pues el espíritu del Huanquero fue la base para el desarrollo del Guaraní I, que se convertiría en el "primer avión fabricado en Latinoamérica con turbohélices". . Este salto tecnológico fue liderado por el ingeniero aeronáutico capitán Héctor E. Ruiz, quien concretó el proyecto adaptando la célula del confiable avión para el transporte regional, incluso en "pistas semipreparadas". . En el rediseño se alargó el fuselaje, se insonorizó la cabina y se la dotó de "elementos de confort para pasajeros" como bar, toilette y climatización automática. Los asientos poseían luz individual, timbre y mesa plegadiza, demostrando que el bienestar de los pasajeros no estaba reñido con el desarrollo industrial autónomo. . Era la demostración de que el Estado podía y debía liderar el transporte regional, uniendo los rincones más lejanos de la patria.




Luego vendría el IA-50 Guaraní II, una evolución aún más ambiciosa que buscaba cubrir el mercado de aviones ejecutivos y de transporte comercial, un nicho en ese entonces inexistente. Con su nueva deriva única de gran flecha y sus turbohélices Turbomeca "Bastan IV-A" de 930 hp, el Guaraní II fue un éxito que llegó a presentarse en la prestigiosa exposición internacional de Le Bourget en 1965, obteniendo la certificación de la Federal Aviation Agency. Argentina le mostraba al mundo que no solo podíamos producir materias primas para que otros las procesen, sino tecnología de punta certificada internacionalmente. Su diseño sencillo permitía un "fácil mantenimiento", una metáfora perfecta de lo que debería ser una política de Estado: sólida, funcional y al servicio de las mayorías populares.


Mirar hoy la historia del IA-35 y sus descendientes es un ejercicio de memoria necesaria frente al avance de ideologías neoliberales que pretenden vender hasta el último tornillo del patrimonio nacional. El Huanquero y el Guaraní son testimonios mudos de lo que un pueblo es capaz de hacer cuando tiene un proyecto de país que prioriza el trabajo y la ciencia sobre la especulación financiera. Desmerecer estos logros bajo el pretexto de la "eficiencia" es una trampa retórica para facilitar el saqueo. Cada vez que un avión argentino despegaba, lo hacía también la dignidad de una nación que no se resignaba a la periferia.


Hoy, cuando las sombras del individualismo y el desprecio por lo colectivo acechan de nuevo, reivindicar al Justicialista del Aire es reivindicar el derecho a la independencia económica. La soberanía no es un concepto abstracto de los libros; tiene el peso de un motor "El Indio" y el brillo del aluminio fabricado en Córdoba. El IA-35 nos recuerda que alguna vez fuimos capaces de mirar al sol de frente, sin pedir permiso, con la frente alta y el orgullo de saber que, en cada vuelo, iba la voluntad inquebrantable de una nación que se sabe dueña de su propio destino y defensora de su propia industria.


Fuentes:

  • Fábrica Militar de Aviones. (s.f.). IA-35 "Huanquero" - Las Alas de Perón (pp. 158-166). Córdoba, Argentina.

  • Fábrica Militar de Aviones. (s.f.). EL "GUARANI I" Y EL IA-50 G-II. En IA 35 Haunquero - Las Alas de Perón (pp. 164-167). Córdoba, Argentina.

  • Wikipedia. (s.f.). I.Ae. 35 Huanquero. Recuperado de https://es.wikipedia.org/wiki/I.Ae._35_Huanquero

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