Evita y la ayuda a Israel: la historia casi olvidada que desarma el relato antiperonista - HISTORIANDOLA

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Evita y la ayuda a Israel: la historia casi olvidada que desarma el relato antiperonista

Mientras ciertos sectores insisten en asociar al peronismo con el nazismo, un episodio poco recordado revela otra realidad histórica: la ayuda humanitaria impulsada por Eva Perón para el recién creado Estado de Israel durante los primeros años de su existencia.



En la política argentina existen relatos que se repiten durante décadas hasta convertirse en una supuesta verdad. Uno de los más persistentes es el intento de vincular al peronismo con el nazismo o el antisemitismo. La acusación aparece una y otra vez en discursos, columnas de opinión y operaciones mediáticas. Sin embargo, cuando se revisa la historia con rigor, aparecen datos que desarman esa narrativa. Uno de ellos tiene como protagonista a Eva Perón.


Se trata de una historia prácticamente ausente del debate público: la ayuda humanitaria que la Fundación Eva Perón envió al recién creado Estado de Israel a fines de la década de 1940 y comienzos de los años cincuenta.


El contexto internacional era dramático. Israel había sido proclamado en mayo de 1948 tras la decisión de la Organización de las Naciones Unidas de dividir el Mandato británico de Palestina. El nuevo país enfrentaba una situación social extremadamente compleja. Miles de sobrevivientes del Holocausto y refugiados judíos llegaban desde Europa devastada por la guerra. El joven Estado debía absorber esa ola migratoria sin infraestructura suficiente, con escasez de alimentos, viviendas y recursos básicos.


En ese escenario, la Fundación Eva Perón, creada ese mismo año en Argentina, comenzó a enviar ayuda humanitaria destinada a aliviar las condiciones de vida de los recién llegados. No se trató de gestos diplomáticos abstractos sino de asistencia concreta: alimentos, medicamentos, ropa, frazadas, muebles e insumos domésticos que partían desde Argentina hacia el puerto israelí de Haifa.


Aquellos envíos buscaban asistir especialmente a familias que habían escapado de Europa después del genocidio nazi. Es decir, mientras décadas después algunos sectores intentarían acusar al peronismo de simpatías nazis, el gobierno argentino estaba enviando ayuda material a quienes habían sobrevivido precisamente a ese régimen.


La contradicción entre el relato político y los hechos históricos resulta evidente.


La ayuda impulsada por Evita no fue un episodio aislado. En 1950 también se organizó el envío de alimentos destinados a niños en Israel, una iniciativa coordinada con la representación diplomática argentina en ese país. La situación de la infancia era una de las principales preocupaciones en el joven Estado, que enfrentaba una crisis humanitaria provocada por la llegada masiva de inmigrantes.


Aquellas donaciones argentinas no pasaron inadvertidas para los líderes israelíes de la época. En 1951 visitó Buenos Aires Golda Meir, una de las figuras centrales de la política israelí del siglo XX, quien agradeció personalmente a Eva Perón por la ayuda enviada desde Argentina. Durante ese encuentro, Evita expresó su admiración por el nacimiento del nuevo Estado y definió su creación como un hecho extraordinario para la humanidad.


La relación entre Argentina e Israel en aquellos años no se limitaba a la ayuda humanitaria. Dos años antes, en 1949, el gobierno de Juan Domingo Perón había reconocido oficialmente al Estado de Israel y establecido relaciones diplomáticas con el nuevo país. Ese reconocimiento implicó la apertura de representaciones diplomáticas y el inicio de vínculos institucionales entre ambos Estados.


El panorama histórico que emerge de estos hechos resulta muy distinto al que intenta instalar el antiperonismo más duro. Lejos de cualquier hostilidad hacia el pueblo judío, el primer peronismo reconoció diplomáticamente al nuevo Estado y, a través de la Fundación Eva Perón, envió ayuda humanitaria para asistir a sus habitantes en los momentos más difíciles de su nacimiento.


Durante años incluso podían encontrarse en distintos kibutz israelíes objetos enviados desde Argentina con el sello de la fundación: frazadas, sábanas, muebles y herramientas que habían llegado como parte de aquellas donaciones.


¿Por qué esta historia casi no se menciona cuando se discute la relación entre el peronismo y la comunidad judía? La respuesta probablemente tenga más que ver con la disputa política que con la historia misma.



El relato que busca asociar al peronismo con el nazismo se convirtió en una pieza clásica del arsenal retórico antiperonista. Pero cuando aparecen documentos, gestos diplomáticos y acciones concretas como las impulsadas por Eva Perón, ese relato comienza a resquebrajarse.


La historia tiene una virtud incómoda para la propaganda: deja rastros. Y esos rastros muestran que mientras algunos construyen acusaciones décadas después, en los años fundacionales del Estado de Israel hubo ayuda argentina enviada por una mujer que se convirtió en uno de los símbolos más poderosos del movimiento peronista.


La paradoja es evidente. Mientras ciertos sectores siguen repitiendo la vieja acusación de antisemitismo contra el peronismo, una de sus figuras más emblemáticas estaba organizando ayuda humanitaria para el nuevo Estado judío.


A veces, los episodios que más incomodan al relato dominante son precisamente los que quedan fuera de los manuales. Y la ayuda de Evita a Israel es uno de ellos.


Prof. Walter Onorato

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