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El bautismo de fuego que desmiente el mito fundacional de la aviación argentina

El “bautismo de fuego” de una fuerza aérea no es un concepto jurídico formal ni una categoría definida por tratados internacionales, sino una noción histórico-militar que se construye a partir de la experiencia de combate real. En términos generales, se considera que una fuerza aérea alcanza su bautismo de fuego cuando participa por primera vez en operaciones bélicas efectivas contra un enemigo, es decir, cuando deja el plano de la instrucción, la disuasión o la mera existencia institucional y entra en combate.




Ese “cuándo” suele ubicarse en el primer enfrentamiento armado en el que sus aeronaves ejecutan misiones ofensivas o defensivas en un contexto de guerra o conflicto armado reconocido, ya sea internacional o interno. No alcanza con vuelos de patrulla sin contacto enemigo ni con ejercicios: debe haber enfrentamiento, riesgo real y uso de armamento en condiciones de combate.


El “cómo” también es clave. No se trata solo de despegar, sino de cumplir misiones concretas: bombardeo, apoyo aéreo cercano, intercepción, reconocimiento bajo fuego o combate aire-aire. En ese momento se pone a prueba no solo la capacidad técnica de los aviones, sino la doctrina, el entrenamiento, la logística y, sobre todo, la decisión política de emplear el poder aéreo.


Desde una perspectiva histórica, el bautismo de fuego suele adquirir un valor simbólico fuerte. Marca el paso de una fuerza en formación a una fuerza probada en combate, y muchas veces queda asociado a episodios fundacionales, incluso cuando esos primeros combates son caóticos, improvisados o con resultados adversos. En no pocos casos, ese debut revela más debilidades que fortalezas, pero aun así se convierte en un hito identitario.


También es importante señalar que el concepto puede ser disputado. Distintos relatos históricos pueden discutir cuál fue realmente ese “primer combate”, sobre todo en fuerzas que tuvieron intervenciones previas menores, misiones internas o participación fragmentaria en conflictos. Por eso, más que una fecha puramente objetiva, el bautismo de fuego es una construcción historiográfica que combina hechos militares concretos con la forma en que una institución decide narrar su propio origen en combate.


En definitiva , una fuerza aérea se considera bautizada en fuego cuando participa por primera vez en combate real, empleando sus medios en una operación bélica efectiva. El hecho puntual importa, pero también la interpretación posterior: ahí es donde historia, memoria e identidad militar se entrelazan.


La discusión sobre si debe considerarse el 1° de mayo el día del bautismo de fuego de la Aviación Argentina, teniendo en cuenta los conceptos descriptos al principio, debemos mencionar los episodios ocurridos durante el Golpe de Estado de 1955, donde sectores de las fuerzas armadas, ejercito, marina y aviación mantuvieron diferentes combates en todo el pais. 


El 16 de junio, aproximadamente a las 13hs, el teniente de la Fuerza Aérea Argentina Ernesto "El Muñeco" Adradas (1923-1974) se convirtió en héroe al defender la Plaza de Mayo durante el bombardeo del 16 de junio de 1955. Pilotando un Gloster Meteor, enfrentó a aviones golpistas, salvando vidas y desviando el ataque. El piloto leal a la Constitución Nacional interceptó y detuvo el bombardeo sobre Buenos Aires por dos horas, derribando un avión AT-6 Texan. Este acontecimiento fácticamente es el bautismo de fuego de la Fuerza Aérea Argentina en defensa del gobierno constitucional.


Esto no significa estar en contra del recuerdo de la lucha de la Aviación Argentina en la Guerra de Malvinas, al contrario, el más alto respeto. Es simplemente un dato fáctico que no se puede esconder. ¿No es lo lo que nos gustaría contar? Puede ser. Pero es lo que sucedió. La historia está para ser contada y no ser escondida debajo de la alfombra del olvido.


Ernesto "El Muñeco" Adradas (1923-1974). Héroe de la Patria


Casos similares

Un caso similar y paradigmático es el de México durante la Revolución Mexicana. Allí, las primeras unidades aéreas empleadas por el Estado mexicano realizaron misiones de reconocimiento y bombardeo contra facciones insurgentes. Fue una de las primeras experiencias en el mundo donde la aviación se utilizó en combate real, y ocurrió en un escenario de guerra interna, con pilotos operando contra fuerzas del mismo país.


El segundo ejemplo es el de España en la denominada Guerra Civil Española. Tanto la aviación de la República como la del bando golpista tuvieron su bautismo de fuego enfrentándose entre sí. En este caso, además, el conflicto funcionó como laboratorio de guerra aérea moderna, con participación extranjera, pero siempre sobre el territorio español y entre españoles.


Tercer caso: La Fuerza Aérea de Chile fue creada formalmente en 1930, pero sus antecedentes se remontan a la aviación militar del Ejército desde la década de 1910. Ahora bien, su debut en combate no se dio en una guerra internacional clásica, sino en un contexto de conflicto interno.


Uno de los episodios más citados es la Sublevación de la Escuadra de 1931. Durante esa crisis, el gobierno utilizó medios aéreos para atacar a los buques sublevados de la Armada. Se realizaron bombardeos sobre la propia flota chilena, lo que constituye un uso efectivo del poder aéreo en combate real. Desde el punto de vista estrictamente técnico —empleo de armamento, riesgo y enfrentamiento— este episodio cumple con todos los criterios de un bautismo de fuego.


El cuarto caso es la actual Fuerza Aérea de Uruguay. Sus orígenes se remontan a la aviación militar del Ejército en las primeras décadas del siglo XX— tuvo su primer empleo efectivo en combate durante el intento de golpe de Estado de 1935 contra el presidente Gabriel Terra, en el contexto de la Golpe de Estado en Uruguay de 1933 y la posterior inestabilidad política.


En ese escenario, se utilizaron aeronaves para operaciones de combate contra sectores sublevados dentro del propio país. Hubo acciones reales —incluyendo bombardeos— que cumplen con los criterios clásicos de bautismo de fuego: uso de armamento, riesgo y enfrentamiento concreto. Es decir, la aviación dejó de ser un instrumento de instrucción o presencia simbólica y pasó a intervenir activamente en un conflicto.


Sin embargo, este hecho arrastra la misma incomodidad que aparece en otros países de la región: el debut en combate no estuvo ligado a la defensa frente a un enemigo externo, sino a un conflicto interno. Por eso, su lugar en la memoria institucional puede ser más difuso o menos celebrado que en casos donde el bautismo de fuego ocurre en guerras internacionales.


Por otro lado, podemos citar como ejemplo de bautismo de fuego de la aviación militar estadounidense en 1916, durante la Expedición Punitiva contra Pancho Villa. La 1ª Escuadrilla Aero del entonces U.S. Army Signal Corps Aviation Section realizó misiones de reconocimiento en territorio mexicano. Sin embargo, ese debut fue limitado y, desde el punto de vista militar, bastante precario: fallas mecánicas, escasa capacidad operativa y nula incidencia decisiva en el conflicto. La actual Fuerza Aérea Norteamericana fue creada como rama independiente recién en 1947 y tendría su bautismo de fuego en la Guerra de Corea.


Prof. Walter Onorato

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