Batalla del Río de la Plata por la Lealtad Constitucional de 1955 - HISTORIANDOLA

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Batalla del Río de la Plata por la Lealtad Constitucional de 1955

Fuego cruzado en el Río de la Plata: cuando la lealtad se jugó a cañonazos y la traición se presentó en el Río de la Plata. Mientras la Marina sublevada intentaba imponer un bloqueo sobre Buenos Aires, pilotos leales de la Fuerza Aérea, al gobierno constitucional de Juan Domingo Perón salieron desde Morón a enfrentar a la marina traidora: la línea entre la patria y la traición quedó expuesta en el cielo y el agua.





El 16 de septiembre de 1955, tres meses después del bombardeo a la plaza de Mayo, no fue un día más en la historia argentina. Fue el segundo combate de la Fuerza Aérea argentina. En rigor, fue el momento en que la máscara de la “revolución” fusiladora cayó para dejar al descubierto lo que realmente era: una insurrección armada contra el orden constitucional. En ese escenario brutal de la la lealtad y la traición dejaron de ser conceptos abstractos para convertirse en decisiones concretas, ejecutadas a sangre y fuego.


Mientras sectores de la Armada avanzaban con una lógica de ocupación interna —desplegando buques desde la Base Naval de Río Santiago para bloquear el acceso al Río de la Plata—, del otro lado emergía una respuesta que desarma cualquier intento de relativizar responsabilidades: militares que eligieron defender al gobierno legítimo de Juan Domingo Perón combatiendo a los enemigos de la patria.


Desde el Aeródromo de Morón despegaron los Gloster Meteor del Grupo 3 de Caza. No salieron a patrullar ni a intimidar: salieron a combatir. En sus cabinas, pilotos como el Alférez Laborda y el Vicecomodoro Sister asumieron una decisión que hoy incomoda a quienes prefieren los relatos edulcorados: enfrentar a los sublevados que, con uniforme argentino, actuaban contra la Constitución.


El blanco no era menor. Los destructores ARA Cervantes (T-1) y ARA La Rioja (T-4), piezas clave del dispositivo naval rebelde, fueron atacados con cañones de 20 mm en pasadas a baja altura. No hubo ambigüedad posible: los pilotos leales buscaban neutralizar la capacidad operativa de una flota que pretendía condicionar por la fuerza el destino político del país.


Pero el punto de quiebre llegó con la persistencia. Cerca del mediodía, a las 11.30, una nueva sección de tres Gloster Meteor volvió a lanzarse sobre los buques. Esta vez, el ataque fue efectivo: los impactos provocaron daños significativos que obligaron a la retirada de las unidades navales, dejando un saldo de al menos media docena de marinos muertos y 35 heridos entre ambas tripulaciones. Ya no había margen para eufemismos: era combate abierto, con consecuencias concretas.


Tres horas después, lejos de disiparse, la ofensiva se profundizó. Los mismos cazas regresaron para atacar unidades de desembarco, incrementando las bajas entre las fuerzas sublevadas. La escena se repite con una lógica implacable: quienes habían decidido quebrar el orden institucional empezaban a pagar el costo militar de esa decisión.


Y hacia el final de la jornada, el cuadro se vuelve aún más contundente. Cayendo la tarde, siempre ese 16 de septiembre, la Fuerza Aérea leal redobló la apuesta y atacó directamente la Base Naval de Río Santiago, en apoyo a las fuerzas terrestres que resistían. En esa operación intervinieron bombarderos Avro Lincoln, aviones de ataque I.Ae. 24 Calquín y nuevamente los Gloster Meteor, enfrentando la respuesta de la artillería antiaérea de buques como el ARA King y el ARA Murature.


La escena es elocuente, son aviones argentinos bombardeando posiciones navales argentinas. Buques de la marina argentina respondiendo con fuego contra aeronaves de la fuerza aérea. No hay épica romántica en ese cuadro: hay una guerra interna desatada por quienes decidieron romper el orden constitucional.


Pero si algo deja en evidencia este episodio es la diferencia sustancial entre unos y otros. De un lado, quienes se alzaron contra la autoridad constitucional, utilizando recursos del Estado para imponer un proyecto político por la vía de las armas. Del otro, quienes —con el mismo uniforme— eligieron sostener la legalidad vigente, aun al costo de arriesgar la vida en un enfrentamiento fratricida.


Sin embargo, la historia posterior intentó licuar estas responsabilidades bajo el paraguas de una supuesta “gesta libertadora”. Un eufemismo que omite deliberadamente que esa “liberación” comenzó con militares disparando contra su propio país. Que la ruptura institucional no fue un accidente, sino una decisión.


Por eso, recuperar estos episodios no es un ejercicio nostálgico ni técnico. Es, ante todo, una disputa por el sentido. Porque en aquel septiembre no hubo simetrías posibles: hubo traidores que se alzaron contra la Constitución y hubo militares que, con todo en contra, eligieron defenderla. Y en ese gesto —incómodo, silenciado, pero profundamente político— se juega todavía hoy una parte esencial de la memoria argentina.


Fuente:

Amilarg. (s.f.). Gloster Meteor en la Revolución Libertadora de 1955. Recuperado de https://amilarg.com.ar/gloster-meteor.html


Prof. Walter Onorato

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