Un congreso que desafió el poder central y propuso otro país posible
El 29 de junio de 1815, mientras la historia oficial suele concentrar toda su atención en el Congreso de Tucumán de 1816, en la ciudad de Concepción del Uruguay se reunió una asamblea que representó un proyecto político profundamente distinto para las Provincias Unidas del Río de la Plata. Fue el Congreso de los Pueblos Libres, convocado por José Gervasio Artigas, donde se proclamó la independencia de España un año antes que en Tucumán y se delineó un modelo federal, republicano y con fuerte defensa de las autonomías provinciales.
Durante mucho tiempo, este episodio ocupó un lugar marginal en los manuales escolares. Sin embargo, su importancia resulta fundamental para comprender que la independencia argentina no fue el resultado de un único proyecto político, sino el desenlace de una intensa disputa entre diferentes modelos de organización del territorio.
¿Qué ocurrió?
El Congreso de los Pueblos Libres fue una reunión de representantes de las provincias que integraban la Liga de los Pueblos Libres o Liga Federal. Allí se debatió el futuro político de los territorios que se habían separado de la Corona española y se ratificó la decisión de romper definitivamente los vínculos con España.
Pero el Congreso fue mucho más que una declaración independentista. También buscó consolidar una organización política basada en el federalismo, donde cada provincia conservara amplias facultades de gobierno y el poder central tuviera competencias limitadas.
Aquella reunión expresaba un proyecto alternativo al que impulsaba el Directorio establecido en Buenos Aires, partidario de una estructura más centralizada.
¿Cuándo ocurrió?
Las sesiones comenzaron el 29 de junio de 1815 y se desarrollaron durante las semanas siguientes.
Su realización antecedió por más de un año a la declaración de independencia del Congreso de Tucumán del 9 de julio de 1816, un dato que suele quedar relegado en muchos relatos históricos tradicionales.
¿Dónde ocurrió?
El Congreso se reunió en Concepción del Uruguay, entonces conocida como Arroyo de la China, en la actual provincia de Entre Ríos.
La elección de esa ciudad no fue casual. Se encontraba dentro del territorio bajo influencia de la Liga Federal y representaba un espacio político distante del control ejercido por Buenos Aires.
¿Quiénes participaron?
Participaron diputados enviados por las provincias que integraban la Liga de los Pueblos Libres.
Entre ellas se encontraban la Banda Oriental, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Santa Fe y Córdoba, aunque la representación efectiva pudo variar durante las distintas sesiones debido al complejo contexto militar de la época.
La figura central fue José Gervasio Artigas, reconocido como Protector de los Pueblos Libres. Aunque no presidió formalmente el Congreso, su liderazgo político y militar resultó determinante en la convocatoria y en la orientación de los debates.
¿Por qué sucedió?
El Congreso fue la consecuencia de un largo conflicto entre dos proyectos de país.
Desde la Revolución de Mayo de 1810, Buenos Aires había concentrado gran parte del poder político, administrativo y económico heredado del antiguo Virreinato del Río de la Plata.
Las provincias del litoral cuestionaban ese predominio. Reclamaban mayor autonomía, una distribución más equitativa de los recursos provenientes del comercio exterior y la posibilidad de decidir sobre sus propios gobiernos.
Artigas se convirtió en el principal referente de esas demandas.
Tras derrotar militarmente a las fuerzas directoriales en varias oportunidades, la Liga Federal alcanzó suficiente fortaleza para convocar su propio congreso.
Las causas profundas
Las diferencias no eran simplemente institucionales.
Existía una profunda disputa económica.
Buenos Aires controlaba el principal puerto y la aduana, fuente fundamental de ingresos fiscales. Las provincias productoras reclamaban participar de esos recursos y desarrollar puertos propios que les permitieran comerciar sin depender exclusivamente de la capital.
También existían diferencias sociales.
Mientras muchos dirigentes porteños pertenecían al poderoso sector comercial vinculado al comercio atlántico, el artiguismo encontraba respaldo entre pequeños productores rurales, milicianos, sectores populares e indígenas de distintas regiones.
El federalismo artiguista proponía además una distribución más amplia del acceso a la tierra. El célebre Reglamento Provisorio de 1815 impulsaba repartir tierras entre quienes menos tenían, incluyendo negros libres, zambos, indígenas, viudas pobres y pequeños agricultores.
Ese programa agrario convertía al movimiento artiguista en una experiencia particularmente innovadora para su tiempo.
¿Qué intereses estaban en juego?
La disputa excedía la forma del Estado.
Se discutía quién controlaría la economía del antiguo virreinato, cómo se distribuirían los ingresos aduaneros, qué provincias tendrían capacidad de decisión y cuál sería el grado de autonomía política de cada territorio.
También estaba en juego la definición de la soberanía.
Para el Directorio, el poder debía concentrarse en un gobierno nacional fuerte con sede en Buenos Aires.
Para Artigas, la soberanía pertenecía originalmente a cada uno de los pueblos y éstos decidían asociarse mediante un pacto federal.
No se trataba simplemente de una diferencia administrativa, sino de dos concepciones opuestas sobre la construcción del Estado.
¿Cómo fue recibido por la sociedad de la época?
En las provincias integrantes de la Liga Federal, el Congreso representó un importante respaldo al liderazgo de Artigas y consolidó un proyecto político que ya contaba con fuerte apoyo militar y popular.
La reacción fue muy distinta en Buenos Aires.
Las autoridades del Directorio desconocieron la legitimidad del Congreso y profundizaron el enfrentamiento político con el artiguismo.
Las tensiones internas coincidían además con amenazas externas. El Imperio Portugués, instalado en Brasil, observaba con preocupación el crecimiento de la Liga Federal y preparaba la invasión de la Banda Oriental, iniciada en 1816.
Las consecuencias inmediatas
En el corto plazo, el Congreso fortaleció políticamente a la Liga Federal.
Sin embargo, la ofensiva portuguesa sobre la Banda Oriental y la persistencia del conflicto con el Directorio debilitaron progresivamente el proyecto artiguista.
En los años siguientes, las derrotas militares y el aislamiento político terminaron provocando la caída de la Liga Federal.
Artigas partió al exilio en Paraguay en 1820, donde permanecería hasta su muerte.
El legado que perduró
Aunque el Congreso desapareció junto con la derrota del artiguismo, muchas de sus ideas sobrevivieron.
El federalismo terminó incorporándose a la organización institucional argentina, aunque con características distintas de las imaginadas por Artigas.
La Constitución de 1853 adoptó formalmente el sistema federal, resultado de décadas de conflictos entre provincias y gobiernos centrales.
La reivindicación de las autonomías provinciales, el rechazo al centralismo y la defensa de una distribución más equilibrada del poder continuaron siendo temas centrales durante gran parte del siglo XIX.
Lo que suelen omitir los relatos tradicionales
La historia escolar suele presentar la independencia como un proceso relativamente uniforme que culmina en Tucumán en 1816.
Sin embargo, esa narrativa deja en segundo plano varios aspectos esenciales.
El primero es que existieron distintos proyectos revolucionarios compitiendo entre sí.
El segundo es que el Congreso de los Pueblos Libres declaró la independencia antes que Tucumán, aunque esa declaración no alcanzó la misma proyección institucional.
También suele minimizarse el contenido social del programa artiguista, especialmente sus propuestas sobre el acceso a la tierra y la incorporación de sectores populares e indígenas a la vida política.
Finalmente, muchas veces se reduce el conflicto entre Buenos Aires y Artigas a una simple disputa personal, cuando en realidad enfrentaba dos modelos profundamente distintos de organización política, económica y territorial.
Una independencia con más de una voz
El Congreso de los Pueblos Libres demuestra que la independencia rioplatense no fue una obra homogénea ni el resultado de una única conducción política. Existieron proyectos alternativos que imaginaron caminos diferentes para construir un nuevo Estado.
Comprender aquel Congreso implica recuperar una parte de la historia que durante décadas permaneció relegada. No para reemplazar un relato por otro, sino para reconocer que la independencia fue también una disputa por el poder, la representación política, la distribución de la riqueza y el significado mismo de la libertad.
Dos siglos después, muchas de aquellas discusiones sobre federalismo, concentración económica y autonomía provincial siguen formando parte de los grandes debates de la Argentina.
Prof. Walter Onorato
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