A 205 años de su muerte, la figura de Güemes emerge como una pieza clave para comprender cómo se preservó el territorio que luego daría forma a la Argentina independiente.
Cada 17 de junio, la Argentina recuerda el paso a la inmortalidad de Martín Miguel de Güemes, el caudillo salteño que murió en 1821 tras una década de lucha contra las invasiones realistas. Sin embargo, su legado va mucho más allá de una efeméride escolar. Güemes fue uno de los protagonistas fundamentales de la guerra por la independencia y su acción militar resultó decisiva para preservar el territorio sobre el que se consolidaría el Estado argentino.
Mientras los nombres de José de San Martín y Manuel Belgrano ocupan un lugar central en la memoria colectiva, durante mucho tiempo la figura de Güemes permaneció relegada a un segundo plano. Sin embargo, sin la resistencia organizada por el líder salteño en el norte del país, el proyecto emancipador habría enfrentado obstáculos que podrían haber alterado profundamente el destino de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Tras las derrotas patriotas en el Alto Perú, la frontera norte quedó expuesta a las ofensivas españolas. Desde el actual territorio boliviano partían periódicamente expediciones militares destinadas a recuperar las provincias rebeldes para la Corona. En ese contexto, Güemes organizó una estrategia inédita basada en la movilización de los gauchos de Salta y Jujuy, hombres conocedores del terreno que desarrollaron una efectiva guerra de recursos y desgaste contra ejércitos mucho más numerosos y mejor equipados.
La denominada "Guerra Gaucha" no solo impidió el avance de los realistas hacia el corazón de las Provincias Unidas. También permitió que San Martín pudiera desarrollar su plan continental sin tener que desviar recursos para defender permanentemente el norte. Mientras el Ejército de los Andes preparaba el cruce de la cordillera para liberar Chile y posteriormente Perú, las milicias de Güemes contenían los ataques españoles en la frontera septentrional.
La importancia estratégica de esa resistencia fue enorme. Si los realistas hubieran logrado atravesar Salta y avanzar sobre Tucumán, Córdoba o Buenos Aires, el proceso revolucionario iniciado en 1810 podría haber sufrido un golpe decisivo. La defensa del norte no fue una cuestión regional: fue una condición indispensable para la supervivencia misma de la independencia.
Pero la relevancia de Güemes también radica en otro aspecto menos conocido. Su liderazgo incorporó a sectores populares tradicionalmente excluidos de la política colonial. Gauchos, pequeños productores rurales, mestizos e indígenas participaron activamente de la lucha, convirtiéndose en actores centrales de la defensa del territorio. En una sociedad profundamente jerarquizada, aquella movilización modificó relaciones de poder y otorgó protagonismo a sectores que hasta entonces habían permanecido invisibilizados.
La muerte de Güemes, ocurrida el 17 de junio de 1821 tras ser herido en una emboscada realista, no puso fin a la resistencia. Sus hombres continuaron la lucha hasta expulsar definitivamente a las fuerzas españolas de la región. Para entonces, el papel histórico del caudillo ya había quedado sellado.
Recordar a Martín Miguel de Güemes implica comprender que la independencia argentina no fue obra exclusiva de grandes generales ni resultado de batallas espectaculares. También fue el producto de resistencias locales, de pueblos enteros movilizados y de líderes capaces de organizar la defensa de territorios estratégicos. En ese proceso, Güemes se convirtió en el custodio del norte y en uno de los arquitectos fundamentales de la Argentina que comenzaba a nacer.
A más de dos siglos de su muerte, su figura sigue recordando que la construcción del país fue una empresa colectiva en la que los gauchos del norte tuvieron un protagonismo decisivo para garantizar la existencia misma de la Nación.
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