Hobsbawm desnuda la operación política del thatcherismo: la Guerra de no fue una guerra por las islas - HISTORIANDOLA

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Hobsbawm desnuda la operación política del thatcherismo: la Guerra de no fue una guerra por las islas

La Guerra de Malvinas suele narrarse como un conflicto territorial entre dos países distantes, motivado por una disputa de soberanía. Sin embargo, el historiador Eric Hobsbawm propone una lectura mucho más incómoda y políticamente reveladora: para Gran Bretaña, la guerra no tuvo como centro real a las islas, sino a su propia crisis interna. 

Tal como desarrolla en Sobre el nacionalismo (Barcelona, 2021), las Malvinas eran un territorio remoto, irrelevante para la vida cotidiana británica y prácticamente desconocido para la mayoría de la población. Hasta el inicio del conflicto, pocos sabían ubicarlas en el mapa o explicar por qué podían tener alguna importancia estratégica. Esa marginalidad es, precisamente, lo que las volvió funcionales.




Desde esta perspectiva, Malvinas no fue una guerra “necesaria”, sino una guerra funcional. Las islas, marginales y carentes de valor económico o político sustantivo, se transformaron en el escenario perfecto para una operación de alto impacto simbólico, capaz de canalizar tensiones acumuladas, frustraciones sociales y una sensación extendida de declive nacional. 


El conflicto permitió construir una narrativa de orgullo, decisión y fortaleza en un momento de profunda crisis económica y pérdida de estatus internacional. Por eso, la clave del conflicto no estuvo en el Atlántico Sur ni en el futuro de las islas, sino en Londres, en la política interna británica y en la necesidad de producir una victoria que restaurara autoridad y cohesión social, aunque fuera de manera puramente simbólica


Una guerra nacida de la negligencia

Hobsbawm sostiene que el conflicto se incubó en la desidia del Estado británico. Durante décadas, las Malvinas ocuparon un lugar irrelevante en la agenda política. Esa indiferencia llevó a subestimar el peso simbólico que las islas tenían para la Argentina y para América Latina en general. Cuando el Reino Unido retiró su presencia militar mínima, la dictadura argentina interpretó —erróneamente— que no habría reacción.


Pero el error argentino no explica por sí solo la guerra. Para Eric Hobsbawm, el punto decisivo fue que el gobierno de Margaret Thatcher no interpretó la invasión como un problema a resolver diplomáticamente, sino como una oportunidad política excepcional. Desde el inicio existieron alternativas a la guerra: una demostración de fuerza limitada, una negociación auspiciada por las Naciones Unidas o incluso una retirada argentina negociada. Sin embargo, esas opciones nunca fueron exploradas seriamente. 


La razón no fue la intransigencia exclusiva de la junta militar argentina, sino la decisión consciente del gobierno británico de llevar el conflicto hasta una confrontación militar plena. Hobsbawm sostiene que, una vez comprendido el clima político interno y el potencial simbólico del conflicto, Thatcher descartó cualquier salida que no implicara una victoria clara, visible y celebrable


El objetivo no era recuperar un territorio remoto, sino escenificar una guerra ganada que permitiera demostrar determinación, restaurar el orgullo nacional y reafirmar la autoridad del gobierno. Por eso, a lo largo del conflicto, la política británica se caracterizó por una intransigencia sistemática tanto en el plano militar como en el diplomático. La guerra debía librarse y ganarse, no para resolver el problema de las Malvinas —que, como señala el propio Hobsbawm, quedó intacto— sino para producir un triunfo simbólico capaz de reordenar la política interna británica y consolidar el liderazgo thatcherista 



El declive británico y la necesidad de un enemigo

La reacción británica ante la invasión no puede comprenderse sin atender al trasfondo de decadencia económica, social y simbólica que atravesaba el Reino Unido desde al menos la década de 1960. Hobsbawm subraya que, mientras duró el gran auge del capitalismo occidental de la posguerra, Gran Bretaña logró sostener una cierta estabilidad apoyada en la expansión general del sistema. Sin embargo, esa bonanza ocultaba un problema estructural: la economía británica avanzaba más lentamente que sus competidores y acumulaba señales persistentes de atraso y pérdida de competitividad


Ese deterioro se volvió inocultable en los años setenta. La crisis económica internacional, combinada con debilidades propias del modelo británico, derivó en una caída pronunciada de la actividad industrial, un proceso acelerado de desindustrialización y un crecimiento sostenido del desempleo. Con la llegada del thatcherismo, estas tendencias no solo no se revirtieron, sino que se profundizaron: cierres de fábricas, destrucción de empleo industrial y un desempleo masivo que afectó de manera directa a amplios sectores de la clase trabajadora


A este escenario material se sumó un factor clave que Hobsbawm considera central: la pérdida definitiva del imperio y del estatus de potencia global. Gran Bretaña ya no era el país que había gobernado una cuarta parte del mundo ni podía sostener ese lugar en el orden internacional. Esa pérdida no fue solo geopolítica, sino profundamente psicológica y cultural. Se tradujo en una sensación extendida de humillación, nostalgia y frustración colectiva, alimentada por la percepción de que otras naciones avanzaban mientras el Reino Unido retrocedía


En ese contexto, la invasión argentina de un territorio británico —por remoto e irrelevante que fuera en términos económicos— funcionó como un disparador emocional. No se trató de un interés real por las islas, sino de la sensación de haber llegado a un límite: el punto en el que el declive parecía transformarse en una pérdida absoluta de respeto internacional. Para Hobsbawm, la guerra operó así como una respuesta visceral a décadas de decadencia acumulada, más que como una defensa racional de intereses estratégicos concretos


Patriotismo popular y apropiación política

Uno de los aportes más importantes del análisis de Hobsbawm es su mirada sobre el patriotismo. El fervor inicial no fue una fabricación mediática ni una reacción exclusiva de la derecha. Atravesó a toda la sociedad, incluida buena parte de la izquierda y del movimiento obrero. Ignorar ese dato, advierte, es no entender la política real.

El problema aparece cuando ese sentimiento es capturado por la derecha. Thatcher logró apropiarse del patriotismo popular y transformarlo en patrioterismo: exaltación militar, símbolos imperiales, desfiles, consignas simplificadoras. La guerra se convirtió en un espectáculo político destinado a reconstruir autoridad y hegemonía interna.


Una guerra útil, no necesaria

Hobsbawm es contundente: la guerra fue simbólica, no estratégica. No resolvió el problema de fondo de las Malvinas, no fortaleció la economía británica ni modificó su declive estructural. Pero sí tuvo efectos políticos inmediatos: consolidó el liderazgo de Thatcher, disciplinó a la oposición y reordenó el tablero interno. El costo económico fue enorme, el beneficio material nulo. El beneficio político, en cambio, fue decisivo.


El texto no es solo una crítica al conservadurismo británico. Es también una advertencia a la izquierda. Cuando el patriotismo queda abandonado, la derecha lo convierte en arma. Cuando se separa de la conciencia de clase, el nacionalismo puede volverse contra los propios trabajadores.


Hobsbawm recuerda que el patriotismo no es incompatible, necesariamente, con proyectos emancipadores. En la historia británica —y europea— hubo momentos en que ambos caminaron juntos. El problema es dejar ese terreno libre para su uso reaccionario.


Una lección que excede a Malvinas

La guerra de Malvinas, vista desde esta óptica, no es una anomalía histórica sino un síntoma. Un ejemplo de cómo, en contextos de crisis, los gobiernos pueden recurrir a conflictos externos para recomponer legitimidad interna. Y también una advertencia sobre los peligros de la despolitización, la apatía social y la búsqueda de “salvadores” que apelan a la emoción antes que a la razón.


En definitiva, Hobsbawm nos propone una lectura incómoda pero necesaria: las guerras pequeñas pueden tener causas enormes, y a veces no se libran por territorios lejanos, sino por el control político del presente.


Fuente: Eric Hobsbawm, Sobre el nacionalismo, Barcelona, 2021. Capítulo: “El desastre de las Malvinas”.


Prof. Walter Onorato

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