“Perón creó las villas miserias”: la zoncera que repite todo gorila que no estudió - HISTORIANDOLA

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“Perón creó las villas miserias”: la zoncera que repite todo gorila que no estudió

Decir que “Perón creó las villas miserias” es una de esas frases que no resisten ni cinco minutos de historia básica, pero que circulan con entusiasmo en redes sociales. No importa cuántos archivos existan, cuántos censos se hayan hecho o cuántos libros se hayan escrito: la zoncera es cómoda, culpabiliza a un proyecto político y exonera al sistema que realmente produjo la miseria.



Empecemos por lo elemental. Las villas miserias existen en la Argentina antes del peronismo. Mucho antes. A comienzos de la década de 1930, tras el impacto local de la crisis del ’29, ya estaba instalada la llamada Villa Desocupación en la zona de Retiro, antecedente directo de la actual Villa 31. En ese momento el país estaba gobernado por , una de las figuras centrales de la llamada Década Infame. No había derechos sociales ampliados ni políticas de vivienda popular. Había crisis económica, desocupación masiva y un Estado que miraba para otro lado.


Pero el gorila promedio no discute procesos: discute caricaturas.


Las villas no nacen por “exceso de derechos”, como insinúa el folklore liberal. Nacen por crisis económicas, desigualdad estructural, falta de trabajo y ausencia histórica de políticas de vivienda popular. Es decir: nacen del mismo capitalismo dependiente que los mismos que insultan al peronismo defienden con fervor.


Para entender el fenómeno sin anteojeras ideológicas, conviene ampliar el plano y observar el proceso histórico completo. La aparición de las villas miserias, tanto en Estados Unidos como luego en la Argentina, es el resultado de una dinámica propia del sistema capitalista. La Revolución Industrial concentró millones de trabajadores en torno a grandes polos fabriles y ciudades industriales. Esa concentración dependía de una condición básica: el empleo. Cuando el sistema funciona, absorbe; cuando entra en crisis, expulsa.


Ese límite estructural quedó brutalmente expuesto en 1929, cuando el capitalismo sufrió un quiebre financiero abrupto que paralizó su propia estructura: caída de la bolsa, cierre masivo de fábricas y millones de trabajadores arrojados a la desocupación a escala mundial. El más perjudicado fue el obrero, que al perder el salario perdió también el acceso a la vivienda. Sin trabajo, sin ingresos y sin un Estado que interviniera, el resultado fue inevitable: la proliferación de asentamientos precarios, las conocidas villas miserias.


No es casual entonces que el fenómeno aparezca primero en el corazón del capitalismo mundial. Durante la Gran Depresión, en los Estados Unidos, surgieron los primeros asentamientos masivos de desocupados modernos, conocidos como Hoovervilles. Millones de trabajadores arruinados por el colapso financiero de 1929 levantaron campamentos de cartón, madera y chapa en las periferias urbanas. No eran marginales “por cultura”, ni vagos profesionales: eran víctimas directas del mercado sin red.


La respuesta política fue el liberalismo en estado puro: el Estado no debe intervenir, el mercado se autorregula, la pobreza es transitoria y la ayuda pública distorsiona incentivos. El resultado fue devastador: desocupación masiva, hambre, miseria y villas. Recién con la intervención estatal posterior esas experiencias comenzaron a desaparecer. Por eso conviene decirlo sin rodeos: primero existieron en Estados Unidos; no en la Argentina peronista, como insiste el gorilaje.


Cuando un gorila sentencia que Perón creó las villas miserias comete, al menos, dos pecados históricos y sociales. El primero es confundir deliberadamente los barrios obreros con las villas miserias: aquellos caseríos incipientes que se formaban en los alrededores de las fábricas y estaban habitados por trabajadores del interior que emigraban justamente para conseguir trabajo, no para vivir de la miseria. El segundo pecado es más profundo y más revelador: expresa el odio y el desprecio hacia los hermanos argentinos que venían del interior profundo, a quienes se reduce a la categoría de “pobres miserables”.


No deja de ser paradójico que esta crítica provenga, en muchos casos, de sectores con antecedentes familiares de inmigrantes europeos pobres, que también llegaron a este país con lo puesto y lograron integrarse gracias al trabajo y a la movilidad social. Más paradójico aún es que esos mismos antepasados fueron explotados sin ningún tipo de derecho laboral, en una Argentina conservadora, oligárquica y excluyente, donde el trabajo no garantizaba dignidad ni protección alguna, como ya hemos descrito tantas veces. Es decir: desprecian hoy a los trabajadores del interior aquello que ayer fue padecido por sus propias familias.


Cuando llega el peronismo, lo que ocurre no es la creación de villas, sino algo mucho más imperdonable para la oligarquía: los pobres dejan de ser invisibles. Los trabajadores del interior migran porque hay fábricas, empleo, salarios, sindicatos y derechos. Llegan para trabajar, no para mendigar. Y llegan más rápido de lo que el Estado puede construir viviendas. Eso se llama industrialización acelerada, no populismo.


La paradoja es brutal: si el trabajador se queda en el interior muriéndose de hambre, está “en su lugar”. Si migra, trabaja y exige vivienda, la culpa es del peronismo.


Además, durante esos años se construyeron más viviendas populares que en décadas anteriores juntas: barrios obreros, planes habitacionales, crédito accesible. Pero eso no entra en el meme ni en el hilo gorila.


La frase “Perón creó las villas miserias” funciona como todas las zonceras: invierte causas y consecuencias. No explica la pobreza: la usa como insulto político. No analiza la historia: la caricaturiza hasta volverla mentira. Se trata de una afirmación repetida sin fuentes, sin estudios, sin datos y sin sustento argumental, pero reiterada hasta el hartazgo. En ese mecanismo elemental de repetición —donde la mentira circula más que el conocimiento— la falsedad termina sedimentando en el inconsciente débil del iletrado, transformándose en una supuesta verdad irrefutable. No por demostración, sino por cansancio.


Villa Desocupación, Retiro, 1932. (Archivo General de la Nación)
Origen de la foto: https://www.facebook.com/fotos.antiguas.ba/posts/%EF%B8%8F-la-primer-villa-miseria-de-la-ciudad-estuvo-ubicada-sobre-la-actual-costanera-/1188612292329916/


Noticia de la revista Sintonía del 28 de octubre de 1933 acerca de Villa Desocupación, precursora de la actual Villa 31. Origen de la foto: https://es.wikipedia.org/wiki/Villa_miseria#/media/Archivo:Villa_de_la_miseria_prensa.jpg


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