Forjado para la libertad: el sable corvo de San Martín - HISTORIANDOLA

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Forjado para la libertad: el sable corvo de San Martín

El sable que cruzó los Andes y atravesó la historia argentina

No todas las armas son instrumentos de guerra. Algunas, con el paso del tiempo, se transforman en símbolos políticos, culturales y morales. El sable corvo del general José de San Martín es uno de esos objetos excepcionales: una pieza de acero que no solo acompañó las campañas de la Independencia, sino que condensó una idea de patria, de soberanía y de honor que atravesó generaciones.

San Martín adquirió este sable en 1811, en Londres, pocas semanas antes de embarcarse rumbo al Río de la Plata. No se trataba de un arma común. De origen árabe, con hoja de acero de Damasco —ya centenaria al momento de su compra—, era una pieza valorada entre los militares europeos por su filo, resistencia y ligereza. La empuñadura de ébano y la vaina recubierta en cuero y bronce completaban un arma tan eficaz como elegante. Según el propio San Martín, ese sable lo acompañaría en toda la guerra por la Independencia de América del Sud. Y así fue.

La elección no fue casual. San Martín introdujo este tipo de sable en América del Sur, rompiendo con las tradiciones militares coloniales y adoptando una herramienta pensada para la guerra de movimientos, para la caballería ligera y para el combate decisivo. El sable corvo cruzó los Andes, estuvo en Chile y en Perú, y fue testigo silencioso de batallas que definieron el destino continental. No fue un objeto decorativo: fue parte activa del proyecto emancipador.

Cuando San Martín se retiró de la campaña libertadora —que continuó bajo el mando de Simón Bolívar— y partió al exilio europeo en 1824, el sable quedó en Mendoza al cuidado de doña Josefa Ruiz Huidobro. Años después, ya instalado en Francia, San Martín escribió a su hija solicitando que le llevaran “mi sable corvo, que me ha servido en todas las campañas en América y servirá para algún nietecito si es que lo tengo”. Desde entonces, el arma permaneció colgada en su habitación, como un recordatorio permanente de una vida consagrada a la independencia.

El gesto más cargado de significado llegó en su testamento definitivo, fechado en París el 23 de enero de 1844. En una de sus cláusulas más citadas, San Martín dispuso que el sable fuera entregado al gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que, “como argentino”, había sentido al ver la firmeza con que sostuvo el honor de la República frente a las agresiones extranjeras. No era un acto menor ni neutro: era una toma de posición política explícita, una legitimación del rol de Rosas en la defensa de la soberanía nacional frente a las potencias imperiales.

Rosas recibió el sable tras la muerte del Libertador, el 17 de agosto de 1850, y lo conservó como una reliquia. Mandó a colocar el arma en un cofre con una placa de bronce donde se grabó la cláusula testamentaria, consciente del valor histórico y simbólico de ese legado. Tras la derrota de Caseros y el exilio de Rosas en Inglaterra, el sable lo acompañó a Southampton. Con la muerte del exgobernador en 1877, el arma volvió a Londres, donde permaneció en la casa de Manuelita Rosas y su esposo Máximo Terrero durante casi dos décadas, ocupando un lugar de honor.

El regreso definitivo del sable a la Argentina se produjo en 1897, cuando Adolfo P. Carranza, fundador y primer director del Museo Histórico Nacional, solicitó su donación. Manuelita Rosas aceptó en nombre de su familia, destacando que se trataba de “un monumento de gloria” para la Nación. Desde entonces, el sable corvo forma parte del patrimonio público argentino, ya no como arma, sino como documento material de la historia.

Los estudios más recientes permitieron precisar sus características físicas: una hoja de 818 milímetros, un largo total de 948 milímetros y un peso de apenas 910 gramos con dragona. La empuñadura está hecha de ébano de las Indias Orientales, parcialmente segrinada para mejorar el agarre, mientras que la vaina combina cuero y madera de haya europea, con piezas metálicas doradas y anillas de sujeción. Cada detalle confirma que no se trata de una pieza improvisada, sino de un objeto cuidadosamente elegido para la guerra y luego resignificado por la historia.

El sable corvo de San Martín no es solo un arma antigua exhibida en una vitrina. Es un hilo de acero que une la gesta independentista, los debates sobre la soberanía, el exilio, la memoria y la construcción del Estado argentino. En su hoja se refleja algo más que el brillo del Damasco: se refleja una concepción de la patria que no se declama, se defiende.

Fuente: https://museohistoriconacional.cultura.gob.ar/noticia/sable-corvo-del-general-jose-de-san-martin/

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