Las ideas políticas de San Martín y su posición frente a los partidos de Buenos Aires - HISTORIANDOLA

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Las ideas políticas de San Martín y su posición frente a los partidos de Buenos Aires

Durante más de un siglo, la figura de José de San Martín fue encapsulada en una narrativa épica, casi hagiográfica, que redujo su complejidad política a una sucesión de gestas militares. Sin embargo, como advierte el historiador Enrique de Gandía, esa imagen cristalizada es el resultado de una tradición historiográfica conservadora que prefirió preservar mitos antes que someterlos a la crítica documental. En La Independencia de América y las sociedades secretas, Gandía propone una lectura distinta: San Martín no fue sólo un estratega militar, sino un actor político profundamente ideologizado, formado en las disputas del mundo atlántico y portador de un proyecto americano definido.




Gandía señala que los supuestos “misterios” de la vida de San Martín no son tales, sino el resultado de prejuicios heredados por la historiografía tradicional. Desde Bartolomé Mitre en adelante, se consolidó una lectura respetuosa pero acrítica, que convirtió errores en tradiciones patrióticas difíciles de cuestionar. La ausencia de ciertos documentos —como la partida de bautismo— fue utilizada para alimentar especulaciones, cuando en realidad otros registros personales permiten establecer con claridad los datos fundamentales de su biografía .


Del mismo modo, Gandía desmonta afirmaciones repetidas durante décadas, como la idea de que San Martín se habría formado en el Seminario de Nobles de Madrid. Los registros lo desmienten: su verdadera formación fue militar, iniciada desde muy joven en el regimiento de Murcia. Pero lo decisivo no fue ese recorrido castrense, sino el ambiente político e intelectual en el que se formó, atravesado por guerras, revoluciones y conspiraciones que marcaron su pensamiento .


Uno de los aportes centrales de Gandía es recuperar las ideas políticas de San Martín, un aspecto sistemáticamente relegado. Mientras vivió en España, el futuro Libertador fue testigo directo de una escena política ferozmente fragmentada: absolutistas, constitucionalistas, afrancesados, legitimistas, clericales, anticlericales, liberales y masones disputaban el sentido del poder en un imperio en crisis .


San Martín se ubicó con claridad en ese mapa. Según Gandía, fue masón, constitucionalista y anticlerical, aunque respetuoso del catolicismo como religión. Detestaba la Inquisición, desconfiaba del absolutismo borbónico y no creía en la capacidad política ni de Carlos IV ni de Fernando VII. Su horizonte no era una república improvisada, sino una América libre y unida, organizada bajo una monarquía constitucional que garantizara orden, derechos y estabilidad, incluso con la posibilidad de un monarca incaico o europeo .


Esta concepción explica muchas de sus decisiones posteriores, su distancia respecto de los caudillismos locales y su permanente incomodidad frente a las disputas facciosas.


El tercer eje que desarrolla Gandía es el escenario político de Buenos Aires a comienzos del siglo XIX. Lejos de una ciudad homogéneamente “revolucionaria”, Buenos Aires era un hervidero de partidos, intereses y conspiraciones, moldeados por la crisis europea abierta tras la invasión napoleónica a España en 1808 .


Convivían allí proyectos radicalmente opuestos: quienes aguardaban el regreso de los Borbones; los partidarios de Napoleón; los que conspiraban para convertir al Río de la Plata en un protectorado británico; los carlotistas que promovían a Carlota Joaquina; los republicanos independentistas; los juntistas que gobernaban en nombre de Fernando VII; y los burócratas ambiciosos que sólo aspiraban a conservar el poder sin Congreso ni Constitución .


San Martín arribó a Buenos Aires en 1812 cuando ese tablero ya estaba saturado de intrigas. Por eso, subraya Gandía, no se alineó con ninguno de esos partidos: llegó con un programa político propio, madurado en Europa, que no encajaba en las mezquindades locales ni en los proyectos de corto plazo .


La lectura de Enrique de Gandía obliga a repensar a San Martín no como un héroe abstracto, sino como un dirigente con una visión continental, incómodo para los relatos escolares y para las tradiciones políticas que prefieren próceres silenciosos antes que pensadores incómodos. Su “vida secreta” no fue una trama conspirativa en el sentido vulgar, sino la coherencia entre ideas, acción y estrategia en un mundo atravesado por sociedades secretas, guerras imperiales y revoluciones inconclusas.


Recuperar esa dimensión política no reduce su figura: la vuelve más humana, más compleja y, sobre todo, más actual.


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Fuente
Enrique de Gandía, La Independencia de América y las sociedades secretas, 1994.



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