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Master class: Cómo comprar los ferrocarriles sin deuda, sin oro y sin perder un peso

Durante décadas, el antiperonismo repitió como un mantra una falsedad útil: que la nacionalización de los ferrocarriles se habría financiado “con el oro del Banco Central”, dilapidando reservas acumuladas. El mito es doblemente falso. No sólo porque no existían esas supuestas montañas de oro —como ya se ha demostrado en trabajos previos— sino porque el propio Juan Domingo Perón dejó escrito, con precisión quirúrgica, cómo se pagaron los ferrocarriles ingleses sin endeudar al país, sin usar reservas y sin perder un centavo.




La explicación está en su libro La fuerza es el derecho de las bestias, donde Perón relata desde adentro el proceso completo de la recuperación nacional de los servicios públicos, en particular el caso emblemático de los ferrocarriles .


El punto de partida fue una negociación feroz. Las empresas ferroviarias inglesas pretendían inicialmente 10.000 millones de pesos, luego bajaron a 8.000 millones, hasta que la intervención de Miguel Miranda —el cerebro económico del primer peronismo— redujo el precio final a 2.029 millones de pesos moneda nacional. Esa cifra no incluía sólo vías y locomotoras: comprendía 40.000 kilómetros de vías, material rodante, estaciones, talleres, puertos, estancias, terrenos, pueblos enteros y unas 25.000 propiedades inmobiliarias que las compañías poseían como bienes indirectos .


Pero el verdadero problema no era el precio, sino el pago. Perón lo dice sin rodeos: no había dinero. Y, sin embargo, se pagó. La clave estuvo en la forma de pago pactada en el contrato. Si Gran Bretaña mantenía la convertibilidad de la libra esterlina, el pago sería en efectivo; si no, se pagaría en especies. Cuando el Reino Unido declaró la inconvertibilidad, se activó el mecanismo que transformó una aparente debilidad en una ventaja estratégica.


El Estado argentino, a través del IAPI, compró trigo a los productores locales a 20 pesos el quintal, cuando los gobiernos conservadores venían pagando a los chacareros apenas unos 6 pesos el quintal. Es decir, el peronismo triplicó el ingreso del productor rural, fortaleciendo el mercado interno y rompiendo con décadas de expoliación del pequeño y mediano chacarero. Ese mismo trigo fue vendido a los ingleses a 60 pesos el quintal, reduciendo el costo real de los ferrocarriles a un tercio de su valor nominal .


De los 2.029 millones pactados, el costo efectivo cayó a unos 676 millones de pesos. Restaba aún una pregunta clave: ¿cómo se pagaron esos 676 millones? Perón vuelve a ser claro. El Estado emitió exactamente esa suma para pagarle a los productores. No fue una emisión descontrolada ni permanente: fue una emisión puntual, dirigida a la producción y con respaldo real.


Y aquí aparece el dato que suele desaparecer de los manuales liberales. Esa emisión no quedó circulando. De las miles de propiedades incorporadas junto con los ferrocarriles, bastó con vender una parte para retirar del mercado los 676 millones emitidos. El dinero volvió al Estado, la emisión se absorbió y el resto de los bienes quedó incorporado al patrimonio público .


El propio Perón sintetiza el resultado con una frase que pulveriza décadas de operaciones mediáticas:

“El país había incorporado al haber patrimonial del Estado, 40.000 millones de pesos sin un centavo de desembolso.”


No es una metáfora ni una exageración. Es una conclusión contable y política. El Estado argentino incorporó infraestructura estratégica, activos reales y soberanía económica sin deuda externa, sin uso de reservas y pagando mejor a sus productores. Emitió cuando hizo falta producir y absorbió cuando correspondía estabilizar. Exactamente lo contrario de la caricatura inflacionaria con la que se intenta desacreditar cualquier política económica soberana.


El contraste con el presente es brutal. Mientras Perón incorporaba activos y patrimonio, el actual presidente Javier Milei no ha incorporado un solo bien estratégico al Estado. Su política económica se reduce a pedir deuda, emitir deuda y prometer más deuda, subordinando cada decisión a los acreedores externos y a los organismos financieros internacionales.


Donde hubo negociación inteligente, hoy hay obediencia financiera.
Donde hubo emisión productiva con absorción posterior, hoy hay endeudamiento permanente.
Donde hubo Estado que compró y ganó, hoy hay Estado que pide prestado y entrega.

La frase de Perón no es nostalgia ni romanticismo: es una vara histórica. Y frente a esa vara, el presente queda dolorosamente expuesto.


Prof. Walter Onorato

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