De la proscripción al “no vuelven más”: la ilusión eterna de borrar al peronismo - HISTORIANDOLA

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De la proscripción al “no vuelven más”: la ilusión eterna de borrar al peronismo

El Decreto Ley 4161 de 1956 prohibió símbolos, palabras y hasta la mera mención de Perón y Evita. Setenta años después, la fantasía de eliminar al peronismo reaparece en otro formato: las redes sociales. Cambiaron las herramientas, pero persiste la misma ingenuidad histórica.


El 5 de marzo de 1956 la dictadura encabezada por Pedro Eugenio Aramburu promulgó el Decreto Ley 4161, una de las normas más delirantes —y reveladoras— de la historia política argentina. El objetivo era explícito: extirpar al peronismo de la vida nacional. No solo de la política, sino también del lenguaje, de la cultura y de la memoria colectiva.

El decreto prohibía símbolos, consignas, imágenes y canciones. Pero la obsesión llegaba a un extremo casi grotesco: tampoco se podían mencionar los nombres de Juan Domingo Perón y Eva Perón. Las palabras “peronista”, “justicialista” o “tercera posición” quedaban fuera de la ley. Incluso la Marcha Peronista era considerada un delito.

La dictadura creyó que, eliminando las palabras, podría eliminar la identidad política que esas palabras representaban.

Fue un error monumental.

Porque el peronismo no era simplemente un partido político que podía disolverse con un decreto. Era —y sigue siendo— una experiencia histórica arraigada en millones de argentinos que habían visto mejorar sus condiciones de vida, ampliarse sus derechos y reconocerse como protagonistas de la vida social.

El Decreto 4161 buscó borrar ese recuerdo. Lo único que logró fue transformarlo en memoria resistente.

Durante años, los símbolos peronistas circularon en la clandestinidad. Las fotos de Perón y Evita se escondían en los hogares. Las canciones se cantaban en voz baja. Las palabras prohibidas se pronunciaban con cuidado. Pero nunca desaparecieron.

La proscripción, lejos de destruir al movimiento, lo convirtió en una identidad perseguida. Y en la historia política argentina, las identidades perseguidas suelen volverse más fuertes.

El intento de disciplinar al peronismo no se limitó a la censura simbólica. La represión incluyó cárceles, persecuciones, torturas y fusilamientos. El propio año 1956 quedaría marcado por los fusilamientos clandestinos de militantes peronistas tras el levantamiento encabezado por el general Valle.

Ni las balas ni las prohibiciones lograron lo que el régimen pretendía.

El peronismo sobrevivió a la proscripción, volvió a reorganizarse y terminó regresando al poder por la vía electoral casi dos décadas después.

Ese episodio histórico debería bastar para comprender una lección elemental: en la Argentina, el peronismo no es una moda política que pueda eliminarse por voluntad de una élite circunstancial.

Y sin embargo, la historia parece repetirse, aunque ahora en una versión mucho más banal.

En la actualidad, una parte del activismo digital de derecha repite en redes sociales una consigna que pretende ser sentencia histórica: “no vuelven más”.

La frase aparece en comentarios, hilos de Twitter, videos de TikTok y discusiones virtuales. Se repite con tono de certeza, como si se tratara de una ley natural de la política argentina.

Lo curioso es que esa consigna reproduce exactamente la misma ilusión que inspiró el Decreto 4161.

La ilusión de que el peronismo puede desaparecer por voluntad declarativa.

En 1956 esa fantasía se expresó a través de un aparato estatal represivo que prohibía palabras y perseguía militantes. Hoy aparece en forma de hashtag, meme o comentario incendiario escrito desde una cuenta anónima.

Pero la lógica es idéntica: la creencia de que un movimiento político con raíces profundas puede evaporarse simplemente porque algunos desean que así sea.

La historia argentina demuestra lo contrario.

El peronismo atravesó golpes de Estado, proscripciones electorales, persecuciones policiales, fusilamientos, torturas, exilios y desapariciones. Durante años fue ilegal incluso nombrarlo.

Nada de eso logró silenciarlo.

Pretender que desaparecerá porque un grupo de usuarios repite consignas en redes sociales revela, en el mejor de los casos, una ignorancia profunda de la historia política del país.

En el peor, una mezcla de arrogancia y desconocimiento que suele caracterizar a quienes creen que la política empieza el día que abren una cuenta en internet.

El contraste resulta casi irónico. En los años cincuenta el Estado desplegaba todo su aparato represivo para intentar borrar al peronismo del mapa político. Hoy, algunos creen que alcanzan unos cuantos hashtags y comentarios provocadores para lograr lo mismo.

Es difícil decidir si esa actitud es más ingenua o más ridícula.

Porque la historia del peronismo está atravesada por algo que quienes repiten “no vuelven más” parecen no comprender: la experiencia del sufrimiento político colectivo.

Un movimiento que sobrevivió a bombas, cárceles, fusilamientos, torturas y desapariciones difícilmente vaya a esconderse por la agresividad de un puñado de cuentas anónimas que juegan a ser trolls desde la comodidad de una pantalla.

La historia argentina ofrece innumerables ejemplos de persecución política mucho más severa que un trending topic.

Y sin embargo, cada intento de borrar al peronismo terminó confirmando su persistencia.

Tal vez porque los movimientos populares no existen únicamente en las instituciones. También habitan en la memoria social, en las tradiciones políticas, en las identidades culturales que atraviesan generaciones.

Eso es precisamente lo que el Decreto 4161 nunca logró comprender.

Ni entonces ni ahora se puede eliminar una identidad política simplemente declarando que ya no debería existir.

La frase “no vuelven más”, repetida hoy con entusiasmo en algunos rincones de las redes sociales, no es una novedad política. Es apenas una versión digital de una vieja fantasía argentina.

Una fantasía que la historia ya se encargó de desmentir más de una vez.

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