Moreno contra Saavedra: la primera grieta política de la Revolución de Mayo. Cómo una disputa dentro de la Primera Junta anticipó el conflicto entre poder militar y proyecto revolucionario. Con esta lectura documental intentaremos observar como la tensión ideológica atravesó el nacimiento del gobierno patrio y reveló dos formas opuestas de entender la revolución.
La Revolución de Mayo suele presentarse en los manuales escolares como un episodio fundacional protagonizado por un grupo relativamente homogéneo de patriotas que compartían un mismo proyecto político. Sin embargo, cuando se examinan con detenimiento las fuentes históricas, la imagen se vuelve más compleja. Lejos de ser un bloque compacto, la Primera Junta estuvo atravesada por tensiones, rivalidades y diferencias ideológicas profundas. La obra Historia Argentina: una mirada crítica (1806-2006) de Teresa Eggers Brass permite reconstruir ese escenario conflictivo y ofrece elementos documentales para comprender uno de los enfrentamientos políticos más significativos de los primeros meses revolucionarios: la disputa entre Mariano Moreno y Cornelio Saavedra.
La autora parte de una observación general sobre los movimientos políticos y revolucionarios: incluso cuando un grupo comparte un ideal común, las diferencias aparecen inevitablemente cuando llega el momento de llevar ese ideal a la práctica. En palabras del propio texto, “en todo grupo de luchadores apasionados por un ideal existen mayores afinidades entre algunas personas”. Es decir, aun dentro de un mismo proyecto político se forman corrientes, alianzas y posiciones diferenciadas. Cuando las decisiones deben materializarse en políticas concretas, esas diferencias tienden a profundizarse.
Ese fenómeno también se manifestó en el interior de la Primera Junta. Según la obra, cuando se intenta analizar retrospectivamente esos conflictos suele aparecer una tendencia simplificadora: se busca determinar quién tenía razón y quién representaba el error histórico. Sin embargo, la autora advierte que “las cosas no son en realidad tan sencillas”. Las decisiones políticas, especialmente en momentos revolucionarios, están condicionadas por múltiples factores y por percepciones distintas sobre el rumbo que debe tomar el proceso histórico.
El origen mismo de los integrantes de la Primera Junta ya anticipaba la diversidad de perspectivas políticas que convivían dentro del nuevo gobierno. Los miembros del organismo revolucionario no provenían de una misma trayectoria ni de un mismo ámbito de formación. Algunos habían construido su experiencia política a través de la participación militar en las milicias urbanas, mientras que otros se habían formado en el mundo intelectual y universitario.
La obra explica que “los integrantes de la Primera Junta habían llegado a la Revolución por distintos caminos”. Entre quienes provenían del ámbito militar se encontraba Cornelio Saavedra, cuya autoridad se había consolidado a partir de su papel en las milicias criollas que defendieron Buenos Aires durante las invasiones inglesas. Su liderazgo estaba estrechamente vinculado al prestigio militar y al apoyo de los cuerpos armados.
Otros miembros del gobierno revolucionario habían seguido un recorrido muy distinto. Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Juan José Castelli y Juan José Paso pertenecían a un grupo de dirigentes que se había formado en el ámbito universitario y que había tenido contacto con las ideas políticas y económicas del liberalismo europeo. La lectura de los pensadores ilustrados y la experiencia administrativa en instituciones coloniales influyeron profundamente en su visión del proceso revolucionario.
A pesar de estas diferencias, todos ellos coincidían en un punto fundamental: la necesidad de avanzar hacia una forma de autogobierno. Tal como señala el texto, todos habían participado “en distintos grupos que buscaban un gobierno propio”. Sin embargo, esos grupos no siempre habían actuado de manera coordinada y en ocasiones incluso se habían enfrentado entre sí.
La obra ofrece un ejemplo significativo de esas tensiones previas a la Revolución de Mayo. Mariano Moreno había participado en el levantamiento encabezado por Martín de Álzaga en 1809, una conspiración política que buscaba desplazar al virrey Liniers. En contraste, Cornelio Saavedra tuvo un papel decisivo en la represión de ese movimiento. De este modo, incluso antes del proceso revolucionario de 1810, ambos dirigentes habían quedado ubicados en posiciones opuestas dentro de las disputas políticas del virreinato.
Según el testimonio posterior de Saavedra en su Memoria autógrafa, durante los primeros momentos de funcionamiento de la Junta no se habrían manifestado grandes enfrentamientos internos. El texto señala que “en un principio no hubo disensiones en la Junta”. Sin embargo, esa aparente armonía inicial ocultaba tensiones ideológicas que pronto comenzarían a hacerse visibles.
En ese contexto, la figura de Manuel Belgrano aparece como un elemento de equilibrio dentro del nuevo gobierno. La obra destaca que Belgrano era considerado “la persona mejor formada y con mayor experiencia en el gobierno”, debido a su larga trayectoria como secretario del Consulado. Desde esa posición había adquirido una sólida experiencia administrativa y un conocimiento profundo de los problemas económicos del virreinato.
Belgrano desempeñó además un papel clave en la organización política inicial de la Junta. Según la autora, fue él quien “trazó las primeras líneas del accionar de la Junta”. También fue el encargado de encomendar a Mariano Moreno la redacción de uno de los documentos políticos más importantes del período: el llamado Plan de Operaciones, un texto que buscaba delinear las estrategias políticas y militares necesarias para consolidar la revolución.
Sin embargo, el propio Belgrano percibió tempranamente las tensiones que comenzaban a desarrollarse dentro del gobierno. Cuando en septiembre de 1810 decidió partir hacia la expedición militar destinada al Paraguay, explicó su decisión señalando que advertía “una semilla de desunión que no podía atajar”. Esta frase revela que, aun en los primeros meses del proceso revolucionario, los conflictos internos ya comenzaban a amenazar la estabilidad política de la Junta.
La ruptura abierta entre las dos corrientes del gobierno se produjo finalmente en diciembre de 1810, a partir de un episodio que, en apariencia, podría parecer menor, pero que tuvo profundas implicancias políticas. La situación se desencadenó durante una celebración organizada para conmemorar la victoria militar de Suipacha.
La celebración se realizó dentro del cuartel y Mariano Moreno no pudo asistir debido a un detalle aparentemente trivial: había olvidado su identificación. Durante el festejo, un oficial que se encontraba bajo los efectos del alcohol realizó un gesto que tendría consecuencias políticas inesperadas. El militar brindó por Cornelio Saavedra llamándolo “emperador de América” y llegó incluso a ofrecerle a su esposa una corona confeccionada con confitería.
Para Moreno, aquel gesto no era simplemente una broma o un exceso propio de una celebración militar. En su interpretación, el episodio revelaba un peligro político mucho más profundo. El secretario de la Junta interpretó el hecho como una señal de que el poder militar podía derivar en una concentración de autoridad incompatible con el proyecto republicano que pretendía construir.
Frente a esa situación, Moreno decidió actuar rápidamente. Como respuesta al episodio, redactó un decreto conocido como el de “supresión de honores”. El objetivo del documento era limitar los privilegios y el poder personal que podía acumular el presidente de la Junta.
El decreto establecía que el presidente del gobierno revolucionario no debía recibir los honores que anteriormente se rendían al virrey. De este modo, se buscaba evitar que la nueva autoridad reprodujera las formas simbólicas del poder monárquico. Según el texto, la norma determinaba que el presidente “sería igual a cualquier ciudadano”.
Pero la medida no se limitaba a una cuestión simbólica. El decreto también introducía límites concretos al ejercicio del poder político. Entre otras disposiciones, establecía que todas las decisiones debían contar con la firma de varios miembros del gobierno, reduciendo así la capacidad de decisión individual del presidente. Además, se privaba a Saavedra de la comandancia directa de las fuerzas militares.
En la fundamentación del decreto, Moreno incluyó argumentos que cuestionaban la capacidad política de las multitudes. El documento contenía una crítica a la “inteligencia de la multitud o vulgo”, lo que generó incomodidad entre diversos sectores sociales y políticos.
Cornelio Saavedra decidió finalmente firmar el decreto para evitar un conflicto abierto dentro del gobierno revolucionario. Sin embargo, el gesto no implicó una aceptación plena del planteo político de Moreno. Por el contrario, el episodio profundizó la confrontación entre ambas corrientes.
El desacuerdo central giraba en torno a una cuestión estratégica fundamental para el futuro de la revolución: la incorporación de los diputados del interior al gobierno central. Moreno se oponía a esa ampliación de la Junta, mientras que Saavedra defendía la integración de los representantes provinciales.
Detrás de ese debate institucional se ocultaban dos concepciones distintas sobre el proceso revolucionario. Por un lado, la posición de Moreno buscaba consolidar un gobierno central fuerte capaz de impulsar transformaciones profundas en el orden colonial. Por otro lado, la postura de Saavedra reflejaba una visión más moderada y apoyada en la legitimidad que otorgaban los cuerpos militares y las provincias.
El conflicto entre ambos dirigentes revela, en definitiva, que el nacimiento del gobierno patrio estuvo atravesado desde el principio por tensiones ideológicas, disputas de poder y visiones contrapuestas sobre el rumbo de la revolución. Lejos de la imagen de unanimidad que muchas veces transmiten los relatos simplificados, la Primera Junta fue también un espacio de confrontación política.
La disputa entre Moreno y Saavedra no fue simplemente una rivalidad personal. Representó un debate más profundo sobre la naturaleza del poder revolucionario, sobre el lugar del ejército en la política y sobre el tipo de orden institucional que debía surgir tras la ruptura con el sistema colonial. En ese sentido, aquellos conflictos iniciales anticiparon muchos de los dilemas que atravesarían la historia política argentina en las décadas posteriores.

No hay comentarios:
Publicar un comentario