1948: Palestina en llamas ante la retirada británica que desató la lucha entre árabes y judíos - HISTORIANDOLA

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1948: Palestina en llamas ante la retirada británica que desató la lucha entre árabes y judíos

El recorte del diario Clarín del 4 de mayo de 1948 captura un momento extremadamente tenso y decisivo en la historia de Medio Oriente: los últimos días del Mandato Británico en Palestina y la inminencia del nacimiento del Estado de Israel, en medio de una guerra que ya había comenzado de hecho.







Un imperio se retira dejando un polvorín

Desde 1920, Gran Bretaña administraba Palestina bajo un mandato otorgado por la Sociedad de Naciones tras la caída del Imperio Otomano. Durante casi tres décadas, Londres intentó —sin éxito— equilibrar dos proyectos irreconciliables: el sionismo judío, que buscaba la creación de un Estado propio, y el nacionalismo árabe palestino, que rechazaba esa posibilidad.


Para 1947, la situación era insostenible. La violencia entre comunidades, los atentados de grupos armados (como el Irgún o la Haganá del lado judío, y milicias árabes del otro), y el desgaste político llevaron a Gran Bretaña a “lavarse las manos” del conflicto. Ese año, la ONU propuso la partición de Palestina en dos Estados, uno judío y otro árabe. Los líderes judíos aceptaron el plan; los árabes lo rechazaron.


Mayo de 1948: una retirada bajo fuego

El titular “Gran Bretaña envía fuerzas a Palestina” refleja un momento paradójico. Mientras el Imperio se preparaba para abandonar definitivamente el territorio —la fecha límite era el 15 de mayo de 1948—, todavía intentaba sostener cierto control militar para evitar un colapso total.


Pero ese control ya era más aparente que real. En los hechos, Palestina estaba sumida en una guerra civil desde fines de 1947. Las fuerzas británicas ya no actuaban como árbitro, sino como un actor en retirada, preocupado principalmente por evacuar a su personal y evitar quedar atrapado en un conflicto que había dejado de poder manejar.


La mención a una “tregua en Jerusalén” muestra hasta qué punto la situación era crítica: la ciudad estaba dividida, con combates constantes entre barrios judíos y árabes, rutas bloqueadas y una población civil atrapada en el fuego cruzado.


El dato clave: la guerra regional que se venía

El artículo también menciona movimientos militares árabes y el posible envío de tanques. Este es el punto más revelador del contexto: ya no se trataba solo de un conflicto interno. Todo indicaba que, una vez que los británicos se retiraran, los Estados árabes vecinos —Egipto, Siria, Transjordania, Irak y Líbano— intervendrían militarmente. Y eso fue exactamente lo que ocurrió. El 14 de mayo de 1948, David Ben-Gurión proclamó la independencia de Israel. Al día siguiente, los ejércitos árabes invadieron el territorio, dando inicio formal a la Primera Guerra Árabe-Israelí.


Un lenguaje que revela más de lo que dice

El tono de la nota periodística también es significativo. Habla de “fuerzas regulares e irregulares”, “envío de tanques” y “tregua”, términos que sugieren una guerra en desarrollo, pero sin nombrarla del todo. Es el lenguaje típico de la prensa de la época: describe los hechos, pero evita dimensionar el colapso total del orden político en Palestina. 


El recorte no habla en términos de “ocupación judía” como categoría política explícita —ese lenguaje es posterior y está cargado de interpretaciones—, pero sí deja entrever cómo la prensa de la época describía el avance y la consolidación de fuerzas judías en el territorio. 


Lo que señala, de manera indirecta pero significativa, es que las “fuerzas judías regulares e irregulares” habían obtenido éxitos militares frente a grupos árabes, especialmente en zonas clave como Jerusalén. Esa formulación no es inocente: reconoce que existía una estructura militar organizada del lado judío (no solo milicias dispersas), capaz de disputar y controlar territorio en el marco de la retirada británica. 


También sugiere que esos avances estaban modificando el equilibrio de poder antes incluso de la salida formal de Gran Bretaña. Es decir, el orden colonial se desmoronaba mientras, en paralelo, se configuraba un nuevo mapa de control territorial impulsado por la fuerza. 


Sin embargo, el artículo evita cualquier juicio de valor o conceptualización más profunda. No habla de “ocupación”, ni de “invasión”, ni de “liberación”. Se limita a describir hechos militares en desarrollo, con un lenguaje típico de agencia internacional de la época, que informa pero no problematiza. 


En ese silencio también hay un dato histórico: en mayo de 1948, lo que hoy se discute como “ocupación” todavía estaba en pleno proceso de formación, en medio de una guerra abierta y sin un desenlace claro. La nota, más que definir, captura ese momento ambiguo en el que el poder estaba cambiando de manos a través de las armas.


Sin embargo, leído en perspectiva, el artículo documenta el fracaso de una potencia imperial para resolver —o siquiera contener— un conflicto que ella misma había contribuido a crear. 


El recorte del periódico no es solo una noticia puntual: es una instantánea del derrumbe del Mandato Británico y del nacimiento violento de un nuevo orden en Medio Oriente. Refleja un momento en el que la retirada de una potencia colonial no trajo paz, sino que abrió la puerta a una guerra regional cuyas consecuencias todavía hoy siguen marcando la política global.



Prof. Walter Onorato

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