Esclavos lucharon por Inglaterra en la independencia de EE.UU. - HISTORIANDOLA

Breaking

Esclavos lucharon por Inglaterra en la independencia de EE.UU.

La participación de los esclavos africanos y afroamericanos en la Guerra de Independencia de Estados Unidos (1775-1783) fue mucho más importante de lo que suele contarse. Para decenas de miles de personas esclavizadas, la guerra no era una disputa entre colonos y la Corona británica: era una oportunidad única para alcanzar la libertad.




Uno de los acontecimientos decisivos ocurrió en noviembre de 1775, cuando John Murray, IV Conde de Dunmore emitió la llamada Proclamación de Dunmore. En ella prometía la libertad a los esclavos pertenecientes a los rebeldes que escaparan y se unieran al ejército británico. La medida tenía un claro objetivo militar: debilitar la economía de los insurgentes y reforzar las filas leales a la Corona.

La respuesta fue inmediata. Miles de esclavos huyeron de las plantaciones para buscar protección bajo las líneas británicas. Se estima que entre 80.000 y 100.000 personas esclavizadas escaparon durante toda la guerra, aunque no todas lograron incorporarse al ejército inglés.

Uno de los primeros cuerpos militares creados fue el Regimiento Etíope (Ethiopian Regiment), formado en Virginia. Sus integrantes llevaban en el uniforme una banda con la inscripción "Liberty to Slaves" ("Libertad para los esclavos"), un mensaje que aterrorizó a los propietarios esclavistas de las colonias.

Los británicos no integraron a todos estos hombres como soldados de combate. Muchos fueron utilizados como exploradores, zapadores, mensajeros, marineros, conductores de carros, obreros militares o personal sanitario. Sin embargo, miles sí participaron directamente en acciones armadas.

Paradójicamente, mientras los revolucionarios proclamaban que "todos los hombres son creados iguales", muchos de sus principales líderes, entre ellos George Washington y Thomas Jefferson, continuaban siendo propietarios de esclavos. Al comienzo de la guerra, Washington incluso prohibió el alistamiento de afroamericanos, aunque más tarde debió cambiar de postura por la necesidad de soldados.

La promesa de libertad que movilizó a miles de esclavos a unirse al ejército británico también dejó al descubierto una de las mayores contradicciones de la Revolución estadounidense. Mientras los líderes independentistas proclamaban que "todos los hombres son creados iguales", varios de sus principales referentes continuaban sosteniendo un sistema basado en la esclavitud.

George Washington, comandante del Ejército Continental y futuro primer presidente de Estados Unidos, era un importante propietario de esclavos. Tras su matrimonio con Martha Custis, administró una de las mayores explotaciones agrícolas de Virginia. En su plantación de Mount Vernon vivían más de 300 personas esclavizadas, dedicadas a las tareas agrícolas, artesanales y domésticas que sostenían el funcionamiento de la propiedad. 

Al comienzo de la guerra, Washington incluso prohibió el alistamiento de afroamericanos en el Ejército Continental. Sin embargo, la decisión cambió cuando la Corona británica ofreció la libertad a los esclavos que abandonaran a sus amos rebeldes para combatir por el rey. Ante el riesgo de perder miles de potenciales soldados y trabajadores, Washington terminó aceptando el reclutamiento de afroamericanos libres y, en determinados casos, de esclavos cuyos propietarios accedieran a concederles la libertad. Más que una transformación ideológica, la medida respondió a una necesidad estratégica impuesta por el desarrollo de la guerra.

El caso de Thomas Jefferson resulta aún más paradójico. Principal redactor de la Declaración de Independencia de 1776 y autor de la célebre afirmación de que "todos los hombres son creados iguales", fue propietario de más de 600 personas esclavizadas a lo largo de su vida, la cifra más elevada entre los primeros presidentes de Estados Unidos. Su plantación de Monticello dependía del trabajo esclavo para sostener su producción y su patrimonio económico.

Aunque Jefferson manifestó en distintos escritos que la esclavitud representaba un problema moral para la nueva nación, nunca impulsó una emancipación general efectiva ni renunció al sistema que sustentaba gran parte de su riqueza. Por el contrario, utilizó a las personas esclavizadas como parte de su patrimonio económico, pudiendo hipotecarlas, alquilarlas o venderlas para afrontar las enormes deudas que acumuló durante su vida. Tras su muerte, en 1826, la mayoría de sus esclavos fue subastada para pagar a sus acreedores.

La contradicción alcanzó incluso su vida privada. Jefferson mantuvo una relación con Sally Hemings, una mujer esclavizada de su propiedad, con quien tuvo varios hijos, un hecho respaldado por estudios genéticos y por el consenso alcanzado por la mayoría de los historiadores.

La coexistencia entre un discurso revolucionario basado en la libertad y la persistencia de la esclavitud refleja una de las grandes paradojas sobre las que se construyó Estados Unidos. Mientras miles de hombres y mujeres esclavizados veían en el ejército británico una posibilidad concreta de alcanzar la libertad, buena parte de quienes lideraban la independencia continuaban defendiendo, en los hechos, un sistema que les negaba ese mismo derecho.

A pesar de todo lo dicho, los patriotas norteamericanos terminaron ofreciendo también la libertad a algunos esclavos que combatieran por la causa independentista. De este modo, la guerra se convirtió en una competencia entre ambos bandos para atraer mano de obra y combatientes negros.

Cuando los británicos fueron derrotados en 1783, cumplieron parcialmente su promesa. Aproximadamente 3.000 afroamericanos libres, conocidos como los Black Loyalists, fueron evacuados desde Nueva York hacia Nueva Escocia. Sus nombres quedaron registrados en un documento histórico llamado Book of Negroes, uno de los registros más importantes sobre la diáspora afroamericana. 

Otros fueron trasladados a Londres y, años después, muchos participaron en la fundación de Freetown, establecida en 1792 como colonia para antiguos esclavos liberados del Imperio británico.

No todos tuvieron un final feliz. Miles murieron durante la guerra por enfermedades como la viruela, el hambre o los combates. Otros fueron recapturados por sus antiguos dueños y devueltos a la esclavitud, especialmente aquellos que no lograron llegar a territorio controlado por los británicos.


Este episodio revela una profunda contradicción de la Revolución estadounidense. Para muchos afroamericanos esclavizados, la Corona británica representó, al menos temporalmente, una posibilidad más concreta de obtener la libertad que los propios revolucionarios que luchaban en nombre de la libertad y los derechos del hombre. Esa paradoja constituye uno de los capítulos más complejos y menos difundidos de la historia de la independencia de Estados Unidos.


Prof. Walter Onorato

Facebook -  Instagram - Twitter - Threads

📌 Si es de tu interés, apoyame con un Cafecito para seguir generando contenido de valor, con análisis crítico, utilizando la historia como herramienta de comprensión, con una mirada documentada sobre los fenómenos políticos y sociales de nuestro tiempo.

Invitame un café en cafecito.app

No hay comentarios:

Publicar un comentario