Juan Bautista Thorne (John Baptist Thorne) es uno de esos personajes que aparecen en los márgenes de la historia oficial argentina, pero cuya trayectoria permite entender mejor el papel que tuvieron muchos marinos y militares extranjeros en la defensa del país durante el siglo XIX.
Thorne nació en Estados Unidos en 1807, en el estado de Nueva York. Su familia tenía ascendencia irlandesa, algo relativamente común en la costa este norteamericana de la época. Desde muy joven se vinculó con la vida marítima, en un contexto en el que el Atlántico era un espacio de circulación constante de marinos, aventureros y militares profesionales.
Ese mundo explica cómo varios extranjeros terminaron participando en las guerras rioplatenses: el propio William Brown, por ejemplo, había nacido en Irlanda y se convirtió en el fundador de la marina argentina.
Thorne llegó al Río de la Plata siendo muy joven y se incorporó a la escuadra de Brown, iniciando una carrera militar en las guerras navales que enfrentaban a las Provincias Unidas con distintos enemigos regionales.
Carrera naval y militar
Durante la década de 1820 y 1830, Thorne se consolidó como oficial de marina y especialista en artillería. Su experiencia técnica era particularmente valiosa porque el manejo de baterías navales y costeras requería conocimientos que no abundaban en las fuerzas locales.
Participó en distintos conflictos navales del período, incluyendo enfrentamientos vinculados a la guerra contra el Imperio del Brasil y a los conflictos internos del Río de la Plata.
Con el tiempo pasó a desempeñarse en tareas de artillería costera, una función estratégica para la defensa de los ríos interiores, que en el siglo XIX eran verdaderas autopistas comerciales y militares.
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El rol en la batalla de la Vuelta de Obligado


El episodio más conocido de su carrera ocurrió durante la Batalla de la Vuelta de Obligado, el 20 de noviembre de 1845, cuando las fuerzas de la Confederación Argentina intentaron bloquear el avance de una poderosa flota anglo-francesa que buscaba forzar la navegación del río Paraná.
La defensa estaba organizada por Lucio Norberto Mansilla, quien dispuso una serie de baterías de artillería en la costa y el famoso sistema de cadenas cruzadas sobre el río para impedir el paso de los buques.
Thorne fue uno de los jefes de artillería de esas baterías, encargadas de hostigar a la flota invasora mientras intentaba romper el bloqueo.
Las crónicas del combate destacan que:
Dirigió baterías costeras que disparaban contra buques de guerra muy superiores en armamento.
Permaneció en combate durante horas bajo intenso bombardeo naval.
Fue gravemente herido durante la batalla, quedando con secuelas físicas permanentes.
Aunque la flota anglo-francesa finalmente logró romper el paso, la resistencia en Obligado se convirtió en un símbolo de soberanía nacional y en una victoria política para el gobierno de Juan Manuel de Rosas, ya que demostró el alto costo que tendría imponer la libre navegación por la fuerza.
Un destino marcado por la guerra
Después de Obligado, Thorne continuó ligado a la vida militar, pero las heridas sufridas en el combate afectaron seriamente su salud.
Con el tiempo quedó prácticamente sordo, consecuencia del impacto constante de los cañones durante la batalla. Esa secuela era común entre los artilleros del siglo XIX, que operaban piezas pesadas sin protección auditiva.
Murió en 1885, habiendo vivido casi ocho décadas y siendo uno de los últimos sobrevivientes directos de aquel episodio.
Un personaje poco recordado
La figura de Thorne es interesante porque muestra un rasgo muy particular de la historia argentina del siglo XIX: la participación de extranjeros en la construcción del Estado y la defensa militar del territorio.
Irlandeses, británicos, franceses, italianos y norteamericanos formaron parte de ejércitos, marinas y expediciones. Algunos se integraron completamente a la vida política local.
En ese contexto, Thorne pertenece a esa generación de marinos extranjeros que terminaron defendiendo los ríos argentinos contra las grandes potencias navales del mundo.
Paradójicamente, mientras nombres como Brown se volvieron legendarios, otros protagonistas de la misma tradición —como Thorne— quedaron en un segundo plano, pese a haber estado en el corazón mismo de uno de los combates más simbólicos de la historia nacional.



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