Cuando Perón estuvo a Punto de Recuperar las Malvinas - HISTORIANDOLA

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Cuando Perón estuvo a Punto de Recuperar las Malvinas

La Cuestión de las Islas Malvinas no es un mero litigio cartográfico ni una reliquia histórica congelada en los mapas del Atlántico Sur; representa, en su esencia más profunda, una herida abierta en la médula de la soberanía argentina y un testimonio persistente de la prepotencia colonial. Para el analista político y el historiador con sangre argentina en las venas, la soberanía no es un concepto estático que se reclama por inercia, sino una condición dinámica de la dignidad nacional que exige desmantelar las estructuras de dominación económica y política que aún hoy intentan mercantilizar nuestro territorio. La historia de este despojo no es un relato de fatalismo, sino una crónica de oportunidades estratégicas cercenadas tanto por la intransigencia del imperialismo británico como por las claudicaciones de las élites locales, de los gobiernos alineados con Estados Unidos e Inglaterra que siempre han estado dispuestos a ofrendar el patrimonio nacional en el altar del pensamiento conservador-liberal-neoliberal.

 



El pretendido derecho británico sobre el archipiélago se desmorona ante el rigor documental de la sucesión de Estados. Antes de la irrupción violenta de 1833, la administración española había ejercido una soberanía efectiva y documentada a través de treinta y dos gobernadores residentes que administraron las islas desde 1767 hasta 1811. Frente a esta contundente realidad jurídica, el reclamo británico basado en el "descubrimiento" resulta una burla histórica que la historiografía liberal ha intentado suavizar. La joven nación argentina, heredera legítima de estos derechos, consolidó su presencia mediante la Comandancia Política y Militar de Luis Vernet, quien no solo pobló el territorio, sino que ejerció una jurisdicción real sobre la pesca y los recursos, desafiando a las potencias que ya entonces veían en nuestros mares un botín de saqueo. Sin embargo, en 1833, la corbeta Clio ejecutó un acto de piratería estatal, expulsando a las autoridades legítimas y sembrando la semilla de un enclave colonial que persiste hasta nuestros días. 


Aquel despojo inauguró lo que el diplomático García del Solar denominó un "diálogo de sordos" que se extendió por más de un siglo. La respuesta británica ante las protestas argentinas fue, desde el inicio, el desprecio institucionalizado. Ya en 1834, lord Palmerston instauró la consigna de no responder a las reclamaciones nacionales sino con una negativa tenaz de reiniciar cualquier discusión. Este hermetismo solo pudo ser quebrado por la labor incansable de una diplomacia que, en 1965, logró la sanción de la Resolución 2065 de las Naciones Unidas. Este hito internacional no fue una concesión graciosa de las potencias, sino un triunfo de la doctrina de la integridad territorial sobre el falso principio de autodeterminación que Londres pretendía aplicar a una población implantada. La resolución reconoció que las Malvinas son un caso de colonialismo que debe ser resuelto mediante negociaciones bilaterales, despojando al Reino Unido de su pretendida inmunidad diplomática. 


Entre la victoria de 1965 y la tragedia de 1982, existió un puente diplomático poco explorado por la narrativa oficial: el Memorándum de Entendimiento de 1968. En este documento, Gran Bretaña llegó a admitir la posibilidad de reconocer la soberanía argentina bajo ciertas garantías. No obstante, el Foreign Office operaba bajo el temor constante de que una concesión en el Atlántico Sur sentara un precedente peligroso para sus otros enclaves coloniales como Gibraltar o Hong Kong. Este periodo de negociaciones secretas reveló que el imperio solo cede cuando el costo de mantener la colonia supera el beneficio, o cuando se enfrenta a un liderazgo nacional con objetivos claros de emancipación. 


El punto de inflexión definitivo se alcanzó en 1974, durante la tercera presidencia de Juan Domingo Perón. Bajo un contexto de crisis económica global y un Reino Unido debilitado, Londres presentó la propuesta de "condominio": doble bandera, administración compartida y doble nacionalidad para los isleños, como un paso transicional hacia la restitución total. La respuesta de Perón, imbuida de un pragmatismo revolucionario y estratégico, fue captada por Carlos Ortiz de Rosas en sus memorias: "esto hay que aceptarlo de inmediato... una vez que pongamos pie en las Malvinas no nos saca nadie". Perón entendía que la soberanía se recupera palmo a palmo, ocupando los espacios de poder y desarticulando el enclave desde adentro. Sin embargo, su muerte en julio de aquel año y la inestabilidad política subsiguiente fueron aprovechadas por el ala más reaccionaria de Whitehall para retirar la oferta.


A este repliegue británico se sumó un factor determinante que a menudo el neoliberalismo prefiere omitir: el olor al petróleo. La Misión Shackleton de 1975 alteró la ecuación geopolítica al confirmar la existencia de ingentes recursos hidrocarburíferos en la plataforma continental. A partir de ese momento, el interés británico dejó de ser meramente nostálgico o estratégico-militar para volverse extractivo. El imperio ya no negociaría voluntariamente una riqueza que garantizaba su seguridad energética en el futuro. Es aquí donde la historia demuestra que el colonialismo no es solo una ocupación de tierras, sino un mecanismo de succionamiento de recursos naturales pertenecientes a los pueblos del sur.


La ruptura violenta de 1982, orquestada por una dictadura cívico-militar en su fase de descomposición, sirvió irónicamente a los intereses de la metrópoli. Como bien analizó León Rozitchner, la "guerra limpia" externa fue la continuación de la "guerra sucia" interna. Un régimen que desaparecía a sus propios ciudadanos no podía ser el garante legítimo de la soberanía nacional. La derrota militar le otorgó a Margaret Thatcher la excusa perfecta para militarizar el archipiélago y enterrar las negociaciones iniciadas en 1965. Pero el verdadero daño estructural vendría después, con el giro neoliberal de la década de los 90.


La política de "seducción" de Guido Di Tella, caricaturizada en el envío de ositos Winnie the Pooh a los isleños, representó una de las etapas más oscuras de nuestra historia diplomática: la claudicación bajo el disfraz de la modernidad. Siguiendo las directrices del Consenso de Washington, el gobierno de Menem adoptó la postura de "soberanía al final", permitiendo que el Reino Unido consolidara su dominio económico mientras Argentina se dedicaba a gestos vacíos. Bajo el "paraguas de soberanía", se firmaron entendimientos provisorios que permitieron a Londres avanzar en la explotación unilateral de recursos pesqueros e hidrocarburíferos, violando sistemáticamente la Resolución 31/49 de la ONU que instaba a no innovar mientras persistiera la disputa. El territorio fue tratado como un recurso mercantilizable y la política exterior se alineó automáticamente con las potencias que nos despojaban, desmantelando la doctrina de autonomía nacional.


Esta claudicación se reflejaba también en el plano simbólico y educativo. El testimonio de Alejandro Betts, nacido en las islas y educado bajo el dogma colonial, ilustra cómo el sistema británico oculta la verdad histórica. Ante cualquier pregunta incómoda sobre la soberanía argentina, la respuesta de los funcionarios coloniales era siempre la misma: "no te metas en cosas que no te incumben". Esta política del silencio es la misma que el neoliberalismo local aplicó durante los años 90 para "desmalvinizar" a la sociedad, intentando borrar la conciencia de que las islas son parte integrante de nuestra plataforma económica y de nuestra identidad política.


La Falkland Islands Company (FIC), esa estructura corporativa que desde el siglo XIX ha funcionado como el brazo extractor del imperio, encontró en el neoliberalismo de fin de siglo su mejor aliado. Mientras la diplomacia argentina se deshacía en cortesías, la FIC y las empresas licenciatarias del petróleo consolidaban un enclave económico que hoy proyecta su sombra sobre la Antártida y el control del paso interoceánico. La soberanía no puede ser recuperada si se ignora esta dimensión económica de la ocupación. No se trata solo de banderas, sino de quién controla la pesca, quién perfora el lecho marino y quién garantiza la dignidad de los trabajadores de la región.


En la actualidad, las posturas libertarias y mercantiles que resurgen en el escenario político ven en el territorio nacional un activo que puede ser transado o ignorado en función de "climas de negocios". Frente a este entreguismo, es imperativo reafirmar la Cláusula Transitoria Primera de la Constitución de 1994: la recuperación de las islas es un objetivo permanente e irrenunciable. Pero esta recuperación no será fruto de la seducción ni de la sumisión al capital trasnacional; será el resultado de una política de firmeza basada en la integración regional del Cono Sur y en la defensa de la soberanía económica.


La conclusión de esta sencillo artículo no es más que una denuncia y una advertencia. El Reino Unido tiene una deuda histórica que no caduca con el paso del tiempo ni se disuelve con el silencio de los organismos internacionales. La soberanía argentina sobre las Malvinas es una inevitabilidad histórica en un mundo que debe completar su proceso de descolonización. Solo una Argentina justa y soberana, que rechace las recetas del Consenso de Washington y el alineamiento servil a las potencias del norte, podrá finalmente transformar el umbral de la restitución en una realidad efectiva. La emancipación política de nuestra nación está indisolublemente ligada al destino del Atlántico Sur; renunciar a las Malvinas es renunciar a la posibilidad de una patria digna y solidaria. La historia nos enseña que el pie que Perón quiso poner en las islas sigue siendo el mandato de un pueblo que no acepta la servidumbre colonial como destino permanente.


Fuentes utilizadas:

  • Balle, Florencia (2020). Guerreras, crónicas de mujeres en Malvinas. Trabajo periodístico de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de la Plata.
  • Erlich, Uriel (2015). Malvinas: soberanía y vida cotidiana. Etapas y perspectivas de la política exterior argentina a 50 años de la Resolución 2065 (XX) de Naciones Unidas. Editorial Eduvim.
  • Lanús, Juan Archibaldo (2016). Repensando Malvinas: una causa nacional. Editorial El Ateneo.
  • Moro, Rubén Oscar (2018/2019). Historia del conflicto del Atlántico Sur (III): Falsa bandera y traición. Publicado por CEFA Digital y la Revista de la Escuela Superior de Guerra Aérea en su 75.° Aniversario.

Artículos Periodísticos y Notas Digitales

  • Infobae (2026). "Documentos secretos: cuando los ingleses le ofrecieron a Perón compartir la soberanía de Malvinas". Publicado el 2 de abril de 2026.
  • Infober (s.f.). "En 1974 Inglaterra le propuso a Argentina una administración compartida de las Malvinas". Diario digital de Oberá, Misiones.
  • Vázquez, Pablo A. (2026). "Perón y Malvinas". Publicado en Revista La Ciudad (Concepción del Uruguay) el 21 de febrero de 2026.

Documentos Oficiales y Discursos

  • Kirchner, Cristina Fernández (2012). English Translation of President Kirchner's Speech to the UN Decolonisation Committee. Discurso pronunciado el 14 de junio de 2012, traducido y publicado por el South Atlantic Council.
  • Naciones Unidas. Resoluciones varias de la Asamblea General mencionadas en los textos, incluyendo la 2065 (XX), 1514 (XV), 3160 (XXVIII), 31/49, 37/9 y 38/12.

Informes Técnicos y Otros Documentos

  • Ministry of Defence (Reino Unido). Operation CORPORATE 1982: The carriage of nuclear weapons by the Task Group assembled for the Falklands campaign. Informe sobre el transporte de armas nucleares durante el conflicto.

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