Cómo nació el Primer Banco de Estados Unidos y la deuda que cambió la historia - HISTORIANDOLA

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Cómo nació el Primer Banco de Estados Unidos y la deuda que cambió la historia

 La creación del Primer Banco de los Estados Unidos en 1791 fue una de las medidas más trascendentales y polémicas del gobierno de George Washington. Detrás del proyecto estuvo Alexander Hamilton, quien buscaba transformar a un país endeudado y financieramente caótico en una nación con crédito sólido y un gobierno federal fuerte. 





Al finalizar la Guerra de Independencia, Estados Unidos enfrentaba una enorme deuda acumulada tanto con acreedores extranjeros como con ciudadanos que habían financiado el conflicto. Además, cada estado emitía sus propias monedas y billetes, generando un sistema monetario desordenado y poco confiable. Hamilton sostenía que sin un sistema financiero nacional el nuevo país difícilmente sobreviviría como potencia. 


Recordemos que durante la Guerra de Independencia, las Trece Colonias recibieron enormes préstamos de potencias europeas, principalmente de Francia, que fue el principal financiador de la revolución. Además de enviar tropas y una flota, otorgó préstamos y subsidios por decenas de millones de libras francesas para sostener el esfuerzo bélico.


Tambien lo fueron los Países Bajos (República Holandesa), cuyos banqueros de Ámsterdam concedieron importantes créditos al Congreso Continental; España, aunque nunca reconoció formalmente la independencia hasta el final de la guerra, también aportó dinero, armas, municiones y ayuda financiera a través de La Habana y Nueva Orleans, además de préstamos canalizados por el gobernador español de Luisiana.


Al terminar la guerra, el gobierno estadounidense debía alrededor de 11,7 millones de dólares a acreedores extranjeros pero la mayor parte de la deuda, sin embargo, era interna. El Congreso Continental había emitido Bonos del gobierno; Certificados de deuda y Pagarés militares. Estos papeles fueron entregados a Soldados y oficiales del Ejército Continental que no habían cobrado sus salarios; agricultores que habían suministrado alimentos; comerciantes que vendieron armas, uniformes y provisiones; empresarios que financiaron la logística de la guerra.


Muchos veteranos y pequeños agricultores, necesitados de dinero, terminaron vendiendo esos títulos por apenas el 10 % o 20 % de su valor a especuladores y es aquí donde surgió una de las mayores controversias. Comerciantes y grandes inversores, especialmente de ciudades como Filadelfia, Nueva York y Boston, compraron masivamente esos certificados depreciados. (Al final del artículo señalamos los nombres de algunos de estos especuladores)


Cuando Hamilton logró que el gobierno federal reconociera la deuda y pagara los bonos por su valor nominal, quienes obtuvieron enormes ganancias fueron esos nuevos propietarios de los títulos, no los soldados o campesinos que originalmente habían financiado la guerra.


Esta decisión provocó fuertes críticas de Thomas Jefferson y James Madison, quienes denunciaban que el gobierno estaba utilizando recursos públicos para enriquecer a una élite financiera y fortalecer una aristocracia del dinero. Hamilton, en cambio, sostenía que respetar íntegramente la deuda era indispensable para construir la credibilidad financiera de Estados Unidos y atraer futuras inversiones.


De esta manera, en diciembre de 1790 se presentó al Congreso el famoso "Report on a National Bank", donde propuso la creación de una institución financiera inspirada en el Banco de Inglaterra, aunque con características propias. El Congreso aprobó el proyecto y Washington promulgó la ley el 25 de febrero de 1791. La carta constitutiva tendría una duración de 20 años, hasta 1811. 


El banco nació con un capital de 10 millones de dólares, una cifra gigantesca para la época. El gobierno federal poseía el 20 % de las acciones, mientras que el 80 % restante quedaba en manos de inversores privados, incluidos numerosos extranjeros, aunque estos no podían votar en las decisiones de la institución. Se trataba de una asociación público-privada más que de un banco completamente estatal. 


Sus principales funciones eran administrar los fondos del gobierno federal, recaudar impuestos, conceder préstamos al Estado, facilitar el pago de la deuda pública y emitir billetes bancarios respaldados por reservas metálicas. Aunque desempeñó algunas funciones similares a las de un banco central moderno, no regulaba el sistema bancario ni fijaba la política monetaria como lo hace hoy la Reserva Federal. 


La creación del banco desató una de las primeras grandes disputas constitucionales de la historia estadounidense. Thomas Jefferson y James Madison sostenían que la Constitución no autorizaba expresamente al gobierno federal a crear un banco nacional y que hacerlo concentraría un poder excesivo en manos de las élites comerciales del norte. Hamilton respondió que la Constitución otorgaba poderes implícitos al Congreso mediante la cláusula de "necesario y apropiado", argumento que convenció finalmente a Washington. 


El Primer Banco contribuyó a estabilizar las finanzas del país, fortalecer el crédito internacional de Estados Unidos y consolidar la autoridad del gobierno federal. Sin embargo, sus críticos lo consideraban un instrumento que favorecía a comerciantes, banqueros y grandes inversionistas por encima de los agricultores y los estados. Esa discusión marcaría la política estadounidense durante décadas. 


Cuando su concesión expiró en 1811, el Congreso decidió no renovarla por un estrecho margen. La posterior Guerra de 1812 puso en evidencia las dificultades de administrar las finanzas nacionales sin una institución de ese tipo, lo que llevó a la creación del Segundo Banco de los Estados Unidos en 1816. 


Desde una perspectiva histórica, el Primer Banco fue mucho más que una entidad financiera: representó el primer gran intento de definir hasta dónde debía llegar el poder del gobierno federal en materia económica. El enfrentamiento entre la visión centralizadora de Hamilton y la defensa de la autonomía estatal encabezada por Jefferson inauguró un debate que sigue presente en la política estadounidense más de dos siglos después.


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Especuladores enriquecidos

William Duer (1743-1799)

Fue uno de los especuladores más notorios de la década de 1790. Había sido miembro del Congreso Continental y luego subsecretario del Tesoro bajo Alexander Hamilton. Aprovechó su conocimiento del sistema financiero para adquirir grandes cantidades de títulos de deuda emitidos durante la guerra. Más tarde intentó monopolizar el mercado de bonos y acciones bancarias, pero su esquema colapsó en el Pánico Financiero de 1792, convirtiéndose en uno de los primeros grandes escándalos bursátiles de Estados Unidos.


Robert Morris (1734-1806)

Conocido como el "Financista de la Revolución". Había sido el principal administrador de las finanzas del Congreso durante la guerra y uno de los firmantes de la Declaración de Independencia. Aunque también fue un importante acreedor legítimo del gobierno, invirtió en deuda pública y participó activamente en el mercado de certificados. Su enorme fortuna terminó derrumbándose por especulaciones inmobiliarias y pasó varios años en una prisión por deudas.


Gouverneur Morris (1752-1816)

Sin parentesco cercano con Robert Morris, fue un destacado político y financiero. Compró títulos públicos y defendió el programa financiero de Hamilton, convencido de que una deuda consolidada fortalecería al nuevo gobierno federal.


Stephen Girard (1750-1831)

Comerciante y banquero de Filadelfia nacido en Francia. Durante la década de 1790 adquirió deuda pública y posteriormente se convertiría en uno de los hombres más ricos de Estados Unidos. Más adelante sería una figura central en el financiamiento del gobierno durante la Guerra de 1812.


John Nicholson (1757-1800)

Funcionario de Pensilvania y socio financiero de Robert Morris. Participó intensamente en la compra de títulos públicos y en grandes operaciones especulativas sobre tierras y deuda federal.


Alexander Macomb (1748-1831)

Comerciante neoyorquino que amasó una enorme fortuna mediante inversiones en deuda pública y tierras. Llegó a ser uno de los mayores propietarios de tierras del país.


¿Y Alexander Hamilton?

Curiosamente, no existen pruebas de que Hamilton haya comprado masivamente certificados depreciados para enriquecerse personalmente. Sus adversarios políticos, especialmente Jefferson y Madison, insinuaban que favorecía a sus amigos financieros, pero las investigaciones históricas no encontraron evidencia de que él participara en esa especulación.



Prof. Walter Onorato

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