Entre 1946 y 1955, la producción argentina de heladeras eléctricas pasó de 6.967 a 151.200 unidades. SIAM fue una de las grandes beneficiarias del crédito estatal, mientras la heladera transformaba la alimentación y la vida cotidiana de las familias. La expansión de la heladera SIAM estuvo vinculada al proceso de industrialización impulsado durante el primer peronismo. Crédito estatal, protección industrial, producción local y venta en cuotas permitieron que un artefacto que era excepcional comenzara a ingresar en los hogares argentinos.
Contexto histórico
La historia de la heladera SIAM se inscribe en una Argentina que, a partir de 1946, comenzó a atravesar una profunda transformación económica y social. El primer gobierno de Juan Domingo Perón impulsó la industrialización, fortaleció el mercado interno y utilizó al Estado como herramienta de financiamiento y protección de la producción nacional. En ese escenario, empresas privadas como SIAM encontraron condiciones favorables para ampliar su capacidad productiva, mientras el crecimiento de los ingresos y las ventas en cuotas permitían que sectores cada vez más amplios accedieran a bienes durables.
La transformación no ocurrió solamente dentro de las fábricas. También llegó a las cocinas de los hogares. La producción argentina de heladeras eléctricas pasó de 6.967 unidades en 1946 a 151.200 en 1955, mientras SIAM se consolidaba como uno de los grandes fabricantes nacionales. Para las familias que hasta entonces dependían del hielo y de las compras cotidianas de alimentos perecederos, la llegada de una heladera eléctrica significó modificar rutinas, conservar comida durante más tiempo y disponer de una nueva forma de organización doméstica.
En ese sentido, la historia de SIAM permite observar una disputa de fondo sobre el modelo de desarrollo: qué papel debe cumplir el Estado, qué lugar ocupa la industria nacional y quiénes pueden acceder a los frutos del crecimiento económico. La heladera, aparentemente un simple electrodoméstico, terminó convirtiéndose en uno de los objetos concretos que hicieron visible esa transformación social.
SIAM y el Estado peronista
La heladera SIAM representa mucho más que la historia de un electrodoméstico argentino. Su expansión durante los primeros gobiernos de Juan Domingo Perón permite observar, dentro de una misma historia, el vínculo entre industria, Estado, crédito, salarios, consumo y transformación de la vida cotidiana.
En 1947, apenas el 3,4% de los hogares argentinos tenía una heladera eléctrica, mientras que el 20,4% utilizaba todavía una heladera alimentada con barras de hielo. Menos de una década después, la relación había cambiado radicalmente: en 1955 había aproximadamente una heladera cada seis familias.
No fue solamente un cambio tecnológico. Para miles de familias significó modificar la manera de comprar, conservar y consumir los alimentos, además de liberar tiempo de tareas domésticas. La heladera comenzó así a convertirse en uno de los objetos materiales de una transformación social más amplia.
Cuando Perón llegó a la Presidencia en 1946, SIAM ya era una empresa industrial consolidada. Sin embargo, durante su gobierno comenzó un período particularmente significativo para la compañía.
Un estudio publicado por la Universidad Católica Argentina señala que, coincidiendo con la llegada de Perón a la Presidencia, el flujo de crédito estatal hacia SIAM comenzó en junio de 1946. La empresa se convirtió posteriormente en una de las mayores receptoras de crédito del Banco de Crédito Industrial Argentino entre 1946 y 1955.
Los porcentajes son contundentes. Según los datos citados en esa investigación, los préstamos destinados a SIAM-SIAT representaron aproximadamente el 10% del total correspondiente a los sectores de textiles y metales en 1946, el 12% en 1947, el 13% en 1948, el 14% en 1951, el 18% en 1952 y el 19% en 1953.
La relación entre la empresa y el gobierno, sin embargo, no aparece presentada como una simple alianza personal. La investigación señala que Torcuato Di Tella mantuvo una relación de pragmatismo empresarial con el peronismo. En 1945 había renunciado a su cargo en la Unión Industrial Argentina y, desde 1946, SIAM pasó a ocupar un lugar destacado entre las empresas que recibían financiamiento del Banco de Crédito Industrial.
No fue un subsidio: fue crédito, protección y política industrial
Hay una precisión importante que debemos realizar para evitar una simplificación histórica. Las fuentes no afirmar que Perón le haya entregado a SIAM un subsidio directo para fabricar heladeras. El sistema de promoción industrial desarrollado por el Estado utilizó diferentes instrumentos: cuotas de importación, beneficios aduaneros, permisos de cambio y crédito público. En términos generales, el régimen tampoco otorgó subsidios directos a las industrias consideradas de interés nacional, salvo determinados casos vinculados con la defensa.
El instrumento central fue otro: la intervención del Estado para crear condiciones favorables a la producción nacional.
El gobierno de Perón profundizó un sistema de protección industrial que venía desarrollándose desde 1943. En 1948, además, cuando se establecieron restricciones para nuevos créditos industriales, las industrias declaradas de “interés nacional” quedaron explícitamente exceptuadas. Desde 1949 también adquirieron importancia los permisos de cambio y los tipos de cambio preferenciales para acceder a equipos e insumos importados.
El dato resulta especialmente relevante para SIAM porque su producción todavía dependía de componentes importados. En 1954, la industria de la refrigeración fue incorporada al régimen de industrias de interés nacional, cuando ya existía una demanda doméstica alta y sostenida.
Por lo tanto, el vínculo entre SIAM y el peronismo debe ser entendido dentro de una política industrial más amplia: crédito estatal, protección frente a las importaciones, regulación del comercio exterior y estímulo a la producción manufacturera.
La otra mitad de la ecuación: trabajadores que podían comprar
La política industrial tenía un complemento indispensable: la expansión de la capacidad de consumo.
La distribución progresiva de los ingresos durante el peronismo apuntaló el mercado interno y estimuló la producción industrial. La propia documentación educativa de la Dirección General de Cultura y Educación bonaerense utiliza el caso SIAM para explicar cómo la expansión de la demanda promovida por el peronismo se reflejó en la venta de electrodomésticos.
Pero fabricar una heladera no alcanzaba. Había que lograr que una familia pudiera comprarla.
Ahí apareció otro mecanismo decisivo: la venta en cuotas.
La investigación de Fernando Rocchi señala que el sistema de pago en cuotas permitió que trabajadores accedieran a un artefacto cuyo precio equivalía a varios meses de salario. El estudio calcula que representaba unos veinte meses de sueldo para una enfermera y doce para un oficial metalúrgico o un chofer de ómnibus.
La transformación se puede medir con una cifra sencilla: en 1946 había una heladera por cada 28 familias; en 1950, una por cada 14; y en 1955, una por cada seis. Para ese último año, la estimación indicaba que aproximadamente el 17% de los hogares tenía una heladera.
No era todavía una universalización. Pero el cambio había comenzado.
De 6.967 a 151.200 heladeras
La magnitud de la transformación industrial resulta todavía más clara cuando se observan las cifras de producción.
En 1946 se fabricaron 6.967 heladeras eléctricas en Argentina. En 1955 fueron 151.200. En apenas nueve años, la producción se multiplicó más de veinte veces.
En 1948 se fabricaron 11.693 heladeras domésticas y 4.352 comerciales. Entre 1950 y 1955, las heladeras eléctricas representaron la mitad del valor total de la producción de electrodomésticos y aproximadamente el 80% de las heladeras se fabricaban dentro del país.
SIAM ocupó un lugar central en ese proceso.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial tenía más de 3.000 empleados y obreros y era considerada una de las empresas fabriles más importantes del país. Según la Dirección General de Cultura y Educación bonaerense, durante una década llegó a colocar medio millón de heladeras en los hogares argentinos.
La cifra permite dimensionar la transformación: un producto que antes estaba fuera del alcance de la mayoría comenzó a formar parte de la vida doméstica de cientos de miles de familias.
La revolución silenciosa de la cocina
La llegada de la heladera eléctrica modificó una costumbre que hoy resulta difícil de imaginar: comprar buena parte de los alimentos para consumirlos prácticamente en el día.
Hasta aproximadamente 1960, muchas familias no podían almacenar durante varios días productos perecederos. La leche, la carne, frutas y verduras debían comprarse con frecuencia porque no existían las condiciones de refrigeración que hoy consideramos normales.
El hielo formaba parte de esa rutina. El vendedor de hielo recorría los barrios y las familias debían abastecerse para mantener funcionando sus antiguas heladeras.
La publicidad de SIAM incluso construyó una imagen simbólica alrededor de esa transformación. En 1940, durante un Congreso de Refrigeración organizado por la empresa, se entonó una canción denominada “La esfera mágica”, en referencia a la característica esfera de las heladeras SIAM, cuyo estribillo anunciaba que con la llegada de la nueva tecnología “el hielero se va”.
La frase sintetizaba una transformación concreta: la refrigeración eléctrica comenzaba a reemplazar una rutina doméstica basada en la compra y conservación diaria de hielo.
Mucho más que conservar alimentos
La heladera también modificó el uso del tiempo dentro del hogar.
La investigación de Rocchi estudia precisamente las heladeras eléctricas como bienes durables destinados al trabajo doméstico y señala que estos artefactos constituyeron una vía privilegiada para analizar las transformaciones producidas en las familias argentinas.
La posibilidad de conservar alimentos durante más tiempo permitía separar la compra del consumo inmediato. Ya no era necesario organizar toda la alimentación alrededor de lo que podía mantenerse fresco durante unas pocas horas.
Ese cambio modificó la organización cotidiana de las familias. Y, en particular, alteró el peso de las tareas vinculadas con las compras y la conservación de alimentos, actividades que recaían en buena medida sobre las mujeres del hogar.
Por eso la primera heladera eléctrica no debe ser mirada únicamente como un objeto moderno que llegó a una cocina. Fue una herramienta que reorganizó tiempos, rutinas y formas de consumo.
El “confort peronista” entró por la puerta de la cocina
Fernando Rocchi define la expansión de las heladeras eléctricas como uno de los mayores logros del “confort peronista”. La expresión no aparece aislada: está acompañada por un salto extraordinario de la producción, por la apelación publicitaria al trabajador y por una creciente fabricación nacional.
El fenómeno también explica por qué SIAM se convirtió en un ícono nacional. La empresa no solamente fabricaba heladeras: colocaba en miles de hogares un conjunto de bienes que representaban una nueva relación con el consumo y con el confort doméstico. La investigación histórica señala que la fabricación de heladeras y la introducción de electrodomésticos en los hogares contribuyeron decisivamente a convertir a SIAM en un símbolo nacional.
Y la expansión no terminó en 1955. En 1960 había 529.704 heladeras eléctricas en Argentina y el porcentaje de hogares que disponía de ellas se había duplicado respecto de 1955. Para 1970 se superaron los 1,3 millones de aparatos, suficientes para cubrir el 80% de las viviendas electrificadas.
La masificación, entonces, fue un proceso que comenzó a acelerarse durante el primer peronismo y continuó durante las décadas siguientes.
Una historia que cuestiona el relato del “mercado solo”
La historia de la heladera SIAM deja una evidencia difícil de ignorar: la expansión industrial y la ampliación del consumo fueron procesos conectados.
El Estado otorgó crédito y utilizó instrumentos de protección y promoción industrial. Las empresas produjeron y ampliaron su escala. Los trabajadores, mediante el crecimiento del mercado interno y las posibilidades de compra en cuotas, comenzaron a acceder a bienes que antes estaban reservados a sectores mucho más reducidos.
SIAM fue una empresa privada, pero su expansión durante el peronismo no puede explicarse aislándola del Estado. Las propias investigaciones señalan el peso del crédito estatal, mientras que la evolución de la producción y del consumo muestra la existencia de un mercado interno capaz de absorber cantidades crecientes de bienes durables.
La diferencia no es menor. La heladera que llegó a la cocina de una familia trabajadora fue el resultado visible de una cadena que comenzaba mucho antes: en la fábrica, en el crédito, en la política industrial y en la capacidad de consumo.
Y acaso allí esté la verdadera dimensión histórica de SIAM. La revolución no consistió solamente en fabricar una máquina en Avellaneda. Consistió en que esa máquina pudiera abandonar la categoría de lujo y empezar a convertirse en parte de la vida cotidiana de una sociedad que estaba cambiando.
Fuentes
Aisenberg, I., & Rein, R. (2024). Las vidas paralelas de dos emprendedores inmigrantes: Torcuato Di Tella y Ezra Teubal. Temas de Historia Argentina y Americana, 32(2), 109-128. (AmeliCA)
Belini, C. (2010). La promoción industrial durante el peronismo. Impacto y límites de la ley de industrias de interés nacional (1944-1958). Temas de Historia Argentina y Americana, 16, 59-97.
Rocchi, F. (2022). La transformación de la vida cotidiana: la evolución de los bienes durables en Argentina, 1920-1970. Historia Crítica, 84, 29-55. https://doi.org/10.7440/histcrit84.2022.02 (ResearchGate)
Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires. (2021). Los primeros gobiernos peronistas. Continuemos Estudiando. (Continuemos Estudiando)


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