Jerónimo Maliqueo: el funcionario indígena olvidado del peronismo - HISTORIANDOLA

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Jerónimo Maliqueo: el funcionario indígena olvidado del peronismo

 La historia de Jerónimo Maliqueo constituye uno de los episodios más desconocidos de la relación entre el Estado argentino y los pueblos originarios durante el siglo XX. Aunque su nombre apenas aparece en los manuales de historia, durante un breve período fue el principal interlocutor indígena del gobierno de Juan Domingo Perón y llegó a dirigir el primer organismo nacional dedicado específicamente a la protección de los pueblos originarios. Su experiencia, sin embargo, terminó abruptamente y refleja tanto las posibilidades como los límites de la política indígena del primer peronismo.




Los orígenes de Jerónimo Maliqueo

Jerónimo Maliqueo nació hacia 1895 en Alto Río Mayo, en el entonces Territorio Nacional del Chubut. Era mapuche y desde muy joven se convirtió en un referente de las comunidades indígenas del sur argentino. Durante décadas denunció el avance de grandes estancieros sobre tierras ocupadas tradicionalmente por familias mapuches y tehuelches.


Recordemos que entre fines del siglo XIX y mediados del XX, la mayor parte de las mejores tierras patagónicas quedaron concentradas en muy pocas familias. Las principales eran: Braun, Menéndez, Behety, Nogueira, Campos y Jones. Muchas de estas tierras terminaron fusionando intereses económicos. El caso más conocido fue el conglomerado Braun-Menéndez Behety, propietario de enormes extensiones ganaderas y fundador de la Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia, popularmente conocida como La Anónima. Llegaron a controlar más de 1,3 millones de hectáreas en la Patagonia argentina, además de frigoríficos, transporte marítimo y comercios.


La Patagonia posterior a la Conquista del Desierto seguía marcada por un profundo proceso de concentración de la propiedad. Miles de indígenas sobrevivían como peones rurales o pequeños ocupantes sin títulos legales, situación que facilitaba los desalojos permanentes. Maliqueo fue uno de los dirigentes que intentó organizar reclamos colectivos frente a esa realidad. 


Investigaciones recientes muestran que el propio Jerónimo Maliqueo era un caso excepcional dentro de las comunidades indígenas. No era un peón rural. Había logrado convertirse en un pequeño hacendado mapuche en la zona de Centro Río Mayo. Poseía campos, ovejas, alambrados, galpones de esquila y piletas para baño de ganado. Los informes oficiales de la época lo mencionan junto con otros indígenas propietarios como Copolque, Trafila, Cuñumil y Nill, destacándolo como ejemplo de productor exitoso.  Eso explica por qué Perón lo eligió como interlocutor: Maliqueo conocía tanto la realidad de las comunidades indígenas como el funcionamiento de la economía ganadera patagónica.



El encuentro con Perón

Durante el segundo gobierno peronista comenzó una relación directa con Juan Domingo Perón. La fotografía publicada por Mundo Peronista en septiembre de 1953 fue tomada después de una audiencia en la Casa Rosada. Allí la publicación afirmaba que Perón le había confiado una misión, "proteger los derechos de los indígenas argentinos". 


La revista presentaba a Maliqueo como un "cacique peronista" que recorría el país escuchando reclamos de distintas comunidades. No era solamente propaganda. Ese mismo año Perón firmó el Decreto 15073/1953, mediante el cual Maliqueo fue designado director de la Dirección de Protección al Aborigen (DPA), organismo dependiente de la Dirección Nacional de Migraciones. Era la primera vez que un dirigente indígena ocupaba un cargo semejante dentro del Estado nacional.



¿Qué era la Dirección de Protección al Aborigen?

La Dirección tenía objetivos ambiciosos sobre el papel: recibir denuncias de abusos contra comunidades indígenas; intervenir en conflictos por tierras; coordinar políticas de educación y asistencia; servir de nexo entre el gobierno nacional y las distintas comunidades.

Maliqueo comenzó a recibir delegaciones provenientes del Chaco, Formosa, Neuquén, Río Negro, Chubut y Salta.

Numerosos caciques comenzaron a escribirle cartas esperando que pudiera resolver conflictos que llevaban décadas sin solución. (Cedinpe) Este aspecto fue probablemente el mayor logro político de Jerónimo Maliqueo y suele pasar desapercibido. Cuando asumió la Dirección de Protección al Aborigen en agosto de 1953, el organismo se transformó, por primera vez, en una oficina a la que los propios dirigentes indígenas de distintas regiones del país comenzaron a acudir directamente. Las investigaciones de Christine Mathias y Diana Lenton muestran que la designación de un director indígena generó enormes expectativas entre comunidades que durante décadas habían carecido de un interlocutor dentro del Estado nacional. 


La oficina de Maliqueo funcionaba en Buenos Aires, bajo la órbita de la Dirección Nacional de Migraciones, muy cerca del Hotel de Inmigrantes, en Retiro. Allí comenzaron a llegar delegaciones de caciques, cartas, petitorios y expedientes provenientes del Chaco, Formosa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz, Salta y Jujuy. En muchos casos, los dirigentes viajaban cientos o incluso miles de kilómetros porque era la primera vez que un organismo nacional era conducido por alguien que compartía su origen y que, según entendían, conocía de primera mano los problemas de las comunidades. 


Los reclamos que recibía eran extraordinariamente variados, aunque casi todos tenían un denominador común: el acceso y la defensa de la tierra. Llegaban denuncias por desalojos impulsados por particulares o autoridades provinciales, alambrados que cerraban antiguas rutas de pastoreo, ocupaciones de tierras fiscales por grandes estancieros, adjudicaciones consideradas irregulares y pedidos para obtener títulos de propiedad sobre campos ocupados desde hacía generaciones. También había solicitudes de escuelas, puestos sanitarios, caminos, agua potable y reconocimiento oficial de las autoridades tradicionales de las comunidades. 


Las fuentes conservadas muestran que Maliqueo no se limitaba a archivar esos pedidos. En numerosos casos intervenía personalmente mediante notas dirigidas a gobernadores, jueces, comisarías, Gendarmería Nacional o la Dirección de Tierras. Uno de los expedientes más conocidos revela que ordenó a Gendarmería intervenir en la Patagonia para retirar un alambrado que un hacendado había levantado sobre tierras utilizadas por un poblador indígena para el pastoreo. En esa comunicación afirmaba actuar por instrucciones directas de Juan Perón, quien —según escribió— le había encomendado "hacer respetar definitivamente los derechos indígenas" y prohibir los desalojos arbitrarios. Esa actitud generó fuertes roces con otros organismos del Estado, que consideraban que Maliqueo estaba excediendo las competencias de su cargo.


En las cartas dirigidas a la Dirección de Protección al Aborigen también puede apreciarse otro fenómeno novedoso: comenzaba a formarse una red nacional de dirigentes indígenas. Hasta entonces, las comunidades de la Patagonia, el Noroeste y el Gran Chaco actuaban casi siempre de manera aislada. A partir de 1953 empezaron a intercambiar información, compartir estrategias y reconocerse mutuamente como parte de una problemática común. Ese proceso fue impulsado por Maliqueo, que alentaba la comunicación entre los distintos referentes regionales. Diana Lenton sostiene que esa articulación sobrevivió incluso después de su salida del cargo y sería la base de organizaciones indígenas creadas años más tarde. 


Un testimonio particularmente valioso es el del dirigente indígena Eulogio Frites. Recordó que, poco después del nombramiento de Maliqueo, fue convocado para asistirlo porque el nuevo director no sabía leer ni escribir con fluidez, aunque conocía profundamente la realidad de los pueblos originarios. Frites describió el encuentro como el inicio de un proyecto de organización nacional de las comunidades indígenas y recordó que Maliqueo le dijo: "Estamos sellando el pacto para organizarnos". Ese relato muestra que la Dirección pretendía ser mucho más que una oficina administrativa: aspiraba a convertirse en un espacio de representación política indígena dentro del Estado argentino. 


Sin embargo, las expectativas chocaron rápidamente con la realidad. La Dirección de Protección al Aborigen contaba con escasos recursos, tenía muy poco personal y carecía de autoridad para obligar a provincias, jueces o grandes propietarios a cumplir sus recomendaciones. Muchos expedientes quedaban estancados porque dependían de otras reparticiones, especialmente de las direcciones de Tierras y de los gobiernos provinciales. Esa frustración explica por qué, pese al enorme simbolismo de la designación de Maliqueo, los conflictos estructurales por la tierra permanecieron sin resolver. La propia investigación histórica concluye que el verdadero legado de Maliqueo no fue tanto la cantidad de problemas que logró solucionar como la creación de un canal de comunicación nacional entre el Estado y los pueblos originarios, algo que no tenía antecedentes en la historia argentina. 



La política indígena del primer peronismo

Aquí aparece uno de los debates historiográficos más interesantes. Durante muchos años se sostuvo que el peronismo prácticamente había ignorado la cuestión indígena. Sin embargo, investigaciones recientes muestran un panorama más complejo.


Los avances dados entre 1946 y 1955 beneficiaron indirectamente a muchas comunidades indígenas, cosas que la historia liberal hace pasar desapercibida. Entre estos beneficios debemos contar la extensión de derechos laborales rurales; acceso a hospitales públicos; ampliación del sistema educativo; construcción de escuelas y caminos en territorios alejados; mayor presencia estatal en regiones históricamente abandonadas.


Además, el discurso oficial modificó la imagen tradicional del indígena. Mientras durante décadas había predominado la idea del "indio salvaje" derrotado por la Conquista del Desierto, el peronismo comenzó a presentarlo como parte integrante de la Nación argentina. La nota de Mundo Peronista que comparto, es probablemente el ejemplo más claro de ese cambio discursivo. 


A esto no se le debe esquivar decir que hubo enormes límites. Los propios historiadores especializados coinciden en que las políticas fueron insuficientes. El Estado nunca impulsó una reforma profunda sobre la propiedad de las tierras indígenas, es verdad, pero ¿hubo el tiempo necesario como para poder abrir un frente de batalla más contra la poderosa oligarquía? 

Otra crítica que se realiza es que tampoco se modificó el sistema jurídico que seguía considerando a muchas comunidades como simples ocupantes fiscales. La Dirección de Protección al Aborigen tenía escasos recursos económicos y muy poca capacidad para obligar a provincias o grandes propietarios a cumplir sus recomendaciones. En consecuencia, muchas denuncias terminaban archivadas sin resolución. 



¿Por qué cayó Maliqueo?

Su gestión duró apenas alrededor de un año. En 1954 se produjo un episodio llamativo. Su secretario privado realizó una transmisión radial exaltando a Maliqueo y al peronismo utilizando un lenguaje considerado excesivamente personalista incluso por dirigentes oficialistas.


La situación provocó una investigación administrativa. Maliqueo fue acusado de no respetar procedimientos internos y terminó siendo obligado a presentar su renuncia. No existen evidencias de que hubiera cometido hechos de corrupción. Más bien parece haber sido víctima de disputas burocráticas dentro del propio aparato estatal. 


La llegada de Jerónimo Maliqueo a la Dirección de Protección al Aborigen coincidió con un momento de creciente centralización administrativa durante el segundo gobierno constitucional de Juan Domingo Perón. Reelegido democráticamente en 1951, Perón procuraba que la difusión de las políticas públicas se concentrara en la figura presidencial y que los organismos nacionales actuaran dentro de los canales institucionales establecidos. En ese contexto, Maliqueo impulsó una intensa actividad para visibilizar la situación de los pueblos originarios, apoyado por su secretario y colaborador Eulogio Frites, otro dirigente indígena que lo asistía en la redacción de documentos y en las tareas administrativas.


La Dirección comenzó a organizar conferencias, recibir delegaciones de comunidades de todo el país y utilizar los medios de comunicación para difundir las políticas destinadas a los pueblos indígenas. Sin embargo, en 1954 una transmisión radial realizada por Frites desencadenó un conflicto interno. Durante el programa se exaltó la figura de Maliqueo como conductor de los pueblos originarios y se destacó al peronismo como el primer gobierno que había reconocido plenamente sus derechos. El problema no radicó en el apoyo al gobierno —habitual en la comunicación oficial de la época— sino en que las autoridades interpretaron que el discurso otorgaba un protagonismo excesivo al director de la repartición, desplazando el eje de la propaganda institucional hacia una figura de segundo orden.


El Ministerio del Interior dispuso entonces una investigación administrativa. La documentación conservada no registra acusaciones de corrupción, enriquecimiento ilícito ni malversación de fondos. Las observaciones se concentraron en el uso de espacios radiales oficiales, en el tono personalista de la intervención y en algunas decisiones administrativas adoptadas por la Dirección de Protección al Aborigen sin respetar todos los procedimientos burocráticos. Para buena parte de la estructura estatal, Maliqueo estaba llevando al organismo más allá de las funciones para las que había sido creado.


No obstante, diversos historiadores sostienen que la emisión radial fue apenas el detonante visible de un conflicto más profundo. Desde su llegada al cargo, Maliqueo había comenzado a intervenir activamente en disputas por tierras indígenas, enviando notas a gobernadores, jueces, Gendarmería Nacional y direcciones provinciales para frenar desalojos y reclamar la protección de comunidades originarias. Esa actitud generó fricciones con funcionarios acostumbrados a que la cuestión indígena permaneciera relegada dentro de la administración pública. La creciente visibilidad política que adquirió la Dirección de Protección al Aborigen terminó despertando resistencias en distintos sectores del Estado.


Poco después del sumario, Jerónimo Maliqueo dejó su cargo. Su salida se produjo por una decisión administrativa y no como consecuencia de un proceso judicial. Aunque su gestión apenas superó el año de duración, dejó un antecedente inédito en la historia argentina: por primera vez un dirigente indígena había ocupado un alto cargo nacional desde el cual intentó convertir al Estado en un interlocutor directo de los pueblos originarios. Esa experiencia sería interrumpida definitivamente tras el golpe de Estado de septiembre de 1955, cuando la autodenominada Revolución Libertadora desmanteló los organismos creados durante el peronismo y la cuestión indígena volvió a quedar relegada durante décadas. 


¿Qué pasó después del golpe de 1955? El golpe militar de septiembre de 1955 significó el final de prácticamente toda la experiencia. La denominada Revolución Fusiladora eliminó organismos vinculados al peronismo; desplazó a funcionarios identificados con el gobierno anterior e interrumpió los canales institucionales que las comunidades indígenas habían comenzado a utilizar.


La Dirección de Protección al Aborigen perdió rápidamente relevancia y terminó desapareciendo dentro de distintas reorganizaciones administrativas. Durante los años siguientes la cuestión indígena volvió a ocupar un lugar marginal dentro de las políticas nacionales. Las demandas por tierras quedaron prácticamente paralizadas y recién volverían a adquirir visibilidad pública varias décadas más tarde, especialmente desde fines de los años ochenta y tras la reforma constitucional de 1994, que reconoció la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas. 



El verdadero significado histórico de Maliqueo

Hoy la mayoría de los especialistas considera que Jerónimo Maliqueo fue una figura pionera.


No porque hubiera logrado transformar estructuralmente la situación de los pueblos originarios, sino porque representó el primer intento serio de incorporar a un dirigente indígena dentro del aparato estatal nacional para actuar como interlocutor político.


Su experiencia también demuestra las limitaciones del primer peronismo. Tener el gobierno en la argentina no significa tener el poder, lo hemos visto varias veces en nuestra historia. Por eso, existió una voluntad inédita de reconocer públicamente a los pueblos originarios, modificar el discurso oficial y abrir espacios de representación.


Pero, por motivos varios e "inexplicables" esas iniciativas chocaron contra límites presupuestarios, resistencias burocráticas, el poder de los grandes propietarios rurales y una concepción todavía fuertemente integracionista, que buscaba incorporar a los indígenas como ciudadanos dentro de la Nación antes que reconocer plenamente su autonomía colectiva.


La nota de Mundo Peronista tiene, por eso, un enorme valor documental. No solo retrata a un personaje prácticamente olvidado, sino que testimonia un momento excepcional en la historia argentina: aquel en el que un cacique mapuche fue presentado por una publicación oficial como representante legítimo de los pueblos originarios y recibió del propio presidente de la Nación la misión de defender sus derechos. Esa experiencia fue breve, pero constituye uno de los antecedentes más importantes de las posteriores políticas indígenas desarrolladas en la Argentina. 



Referencias bibliográficas 

Lenton, D. I. (2020). Maliqueo, Jerónimo. En Diccionario Histórico del Peronismo (pp. 491–491). EDUNTREF – Fondo de Cultura Económica. https://bicyt.conicet.gov.ar/fichas/produccion/12308289

Mathias, C. (2019). The First Peronists: Indigenous Leaders, Populism, and the Argentine Nation-State. https://cedinpe.unsam.edu.ar/sites/default/files/pdfs/mathias-_the_first_peronists_indigenous_leaders_p.pdf

Mathias, C. (2020). Las políticas del primer peronismo en relación con las comunidades indígenas. Revista Andes. https://portalderevistas.unsa.edu.ar/index.php/Andes/article/view/126

Razón y Revolución. (2018, 17 de junio). De caciques, policías y hacendados. El Aromo, (101). https://razonyrevolucion.org/de-caciques-policias-y-hacendados/

Lenton, D. I. (Comp.). (s. f.). Nuestro NOA. Estudios sobre la argentinidad (Serie Especial). Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en la Argentina (CeDInCI) / CEDINPE. https://cedinpe.unsam.edu.ar/sites/default/files/pdfs/nuestro_noa_serie_especial_estidios_sobr.pdf

Lenton, D. I. (2005). Identidades: El reconocimiento estatal de las organizaciones indígenas en Argentina. CONICET. https://ri.conicet.gov.ar/bitstream/handle/11336/56058/CONICET_Digital_Nro.c5b4ef0f-2cd3-4111-86e9-440dbaef04a6_A.pdf



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