El derrocamiento de Juan Domingo Perón en septiembre de 1955 no significó solamente el comienzo de una nueva etapa política. También abrió una disputa profunda sobre qué tipo de economía debía organizar la Argentina. La autodenominada Revolución Libertadora llegó al poder con la intención explícita de desmontar buena parte de las instituciones económicas construidas durante el peronismo y reorientar la relación entre el Estado, los mercados, el capital privado y los trabajadores.
La llegada de Pedro Eugenio Aramburu a la Presidencia significó, en ese sentido, un giro hacia una concepción económica más cercana al liberalismo. El denominado Plan Prebisch fue uno de los instrumentos intelectuales centrales de esa transformación. El objetivo era abandonar buena parte de los mecanismos de planificación y regulación estatal que habían caracterizado al período anterior y avanzar hacia una economía con mayor libertad de precios, mayor apertura comercial y un papel más importante para el capital privado. Un documento oficial del Estado argentino caracteriza precisamente al Plan Prebisch como un intento de retorno a una economía de libre mercado y de desplazamiento de la planificación estatal como modelo de desarrollo.
La transformación no fue solamente discursiva. Uno de los primeros blancos fue el sistema que había permitido al Estado orientar una parte importante del crédito hacia determinadas actividades productivas. La Revolución Libertadora dispuso la liquidación del IAPI y modificó el régimen de los depósitos bancarios. Los depósitos que habían sido nacionalizados durante el primer peronismo fueron restituidos a los bancos privados y se introdujeron cambios destinados a desregular el funcionamiento del sistema bancario. Una investigación publicada por el CONICET identifica en 1957 un verdadero quiebre en la regulación bancaria argentina y señala que la nueva orientación tenía un carácter liberal y una mayor apertura a la entrada de capitales extranjeros.
El cambio también alcanzó al mercado cambiario. Las restricciones existentes para el movimiento de capitales fueron relajadas y las empresas extranjeras pudieron remitir divisas al exterior en concepto de capitales y utilidades. En 1957 fue derogada la Ley 14.222, que había establecido mayores condicionamientos a los movimientos de capital y una política más selectiva respecto del ingreso de inversiones extranjeras.
La política comercial también comenzó a modificarse. El IAPI había cumplido durante el peronismo un papel central en la regulación del comercio exterior y en la transferencia de recursos hacia determinados sectores productivos. La Revolución Libertadora dispuso su liquidación y transformó el sistema de comercialización de granos, avanzando hacia una mayor liberalización del comercio. En una publicación del Instituto Nacional de Capacitación Política, el proceso es resumido como una combinación de libertad de precios, apertura de las importaciones, mayor libertad bancaria para administrar el crédito y libre giro de divisas.
Pero hay un elemento que resulta fundamental para entender este proceso y que muchas veces queda relegado cuando se habla de liberalización económica: el salario.
El cambio de orientación económica tuvo consecuencias concretas sobre los trabajadores. La liberalización de precios produjo una aceleración inflacionaria que erosionó rápidamente los aumentos salariales otorgados durante los primeros meses posteriores al golpe. Según una investigación histórica publicada por la Secretaría de Derechos Humanos, el aumento de precios terminó diluyendo un incremento salarial del 10% concedido hacia fines de 1955. El gobierno debió entonces restablecer algunos controles y otorgar un nuevo ajuste salarial, aunque el aumento no alcanzó de manera uniforme a todos los trabajadores.
El deterioro se hizo todavía más visible durante 1957. De acuerdo con la misma investigación, los precios aumentaron en promedio un 24,7% durante ese año mientras que los salarios reales cayeron un 17,9%. El dato resulta particularmente significativo porque permite observar el mecanismo concreto detrás de una política de estabilización: cuando los precios aumentan más rápidamente que los ingresos laborales, la transferencia no aparece necesariamente como una decisión explícita de quitarle dinero a los trabajadores, sino como una pérdida de su capacidad de compra.
El propio Banco Central permite dimensionar el punto de partida. En su Memoria de 1955 señalaba que la participación de sueldos y salarios en el ingreso nacional había aumentado desde el 46,7% en 1945 hasta el 59,6% en 1954. Es decir, el golpe de 1955 no encontró una estructura distributiva cualquiera: heredó una economía en la que la participación de los trabajadores en el ingreso había alcanzado niveles considerablemente superiores a los de la década anterior.
Por eso, el conflicto económico posterior al golpe puede ser leído también como una disputa por la distribución del ingreso. No se trataba solamente de decidir cuánto debía intervenir el Estado, sino de determinar quién debía apropiarse de una mayor proporción de la riqueza producida.
El cambio tuvo además una dimensión internacional. En agosto de 1956, Argentina ingresó formalmente al Fondo Monetario Internacional y al Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento. El Banco Central registra el ingreso al FMI mediante el Decreto-Ley 15.970/56.
La incorporación no fue un hecho menor. Significó el ingreso de la Argentina a una arquitectura financiera internacional de la que el peronismo se había mantenido al margen. El nuevo gobierno también negoció con el Club de París la refinanciación de obligaciones externas y avanzó hacia una relación más estrecha con los organismos internacionales de crédito. Según la investigación del Archivo Nacional de la Memoria, el acuerdo de 1956 estuvo acompañado por un programa de reformas que incluía la desnacionalización de depósitos, modificaciones en las cartas orgánicas de bancos oficiales, desregulación de precios y del mercado cambiario y cierre del IAPI.
La cuestión del endeudamiento también comenzó a cambiar. El mismo estudio señala que la Revolución Libertadora revirtió la política de desendeudamiento desarrollada durante el período anterior y comenzó un nuevo ciclo de endeudamiento externo. El acuerdo de París transformó obligaciones comerciales derivadas de convenios bilaterales en deuda financiera exigible y consolidó vencimientos por 450 millones de dólares a diez años.
Así comenzó a configurarse una nueva relación entre Argentina y el sistema financiero internacional: mayor dependencia del crédito externo, mayor apertura a los capitales y una modificación de las herramientas con las que el Estado intervenía en la economía.
Pero existe una contradicción que resulta central para comprender el período. La apertura económica no produjo automáticamente una economía más industrializada ni más competitiva. Al contrario, la modificación de las reglas de comercio, crédito y precios alteró las condiciones en las que se habían desarrollado numerosos sectores industriales durante el período anterior.
El IAPI, por ejemplo, no había sido solamente un mecanismo de intervención comercial. También había servido para canalizar recursos hacia actividades productivas. Su eliminación significó, por lo tanto, modificar una herramienta de financiamiento y promoción de la industria. La investigación oficial del INCaP sostiene que el desmantelamiento de esos mecanismos estuvo acompañado por el debilitamiento de la industria nacional y por una recomposición favorable a sectores agroexportadores.
Aquí aparece uno de los elementos que atraviesa toda la línea histórica que estamos reconstruyendo: qué ocurre cuando el Estado deja de utilizar el sistema financiero y el comercio exterior como instrumentos para orientar la producción.
Durante el peronismo, el sistema bancario había sido utilizado para direccionar fondos hacia la inversión productiva. La reforma posterior modificó esa lógica. La investigación académica sobre el sistema bancario argentino señala que entre 1946 y 1955 la nacionalización de los depósitos y la regulación del Banco Central habían permitido orientar recursos hacia la inversión productiva y el desarrollo económico. A partir de 1957 se produjo un cambio de orientación en esa regulación.
Por eso, Aramburu ocupa un lugar importante dentro de esta historia. No porque su gobierno haya creado el modelo de valorización financiera que aparecería con mucha mayor claridad después de 1976, sino porque comenzó a desmontar instituciones que vinculaban el crédito, el comercio exterior y la intervención estatal con el desarrollo productivo.
Ese matiz es fundamental.
La Argentina de 1955 todavía estaba lejos de la economía financiarizada de los años setenta y noventa. La industria seguía teniendo un peso considerable y el Estado conservaba instrumentos de intervención importantes. Pero después del golpe comenzó una disputa que reaparecería una y otra vez: de un lado, quienes defendían una economía con mayor regulación estatal, protección industrial y capacidad para orientar el crédito; del otro, quienes proponían mayor libertad para los precios, el comercio, los bancos y los movimientos de capital.
Y esa disputa tuvo una dimensión social imposible de ocultar. La política económica no se desarrolló en un vacío: ocurrió al mismo tiempo que se intervenían sindicatos, se proscribía al peronismo y se debilitaba la capacidad de representación política de una parte sustancial de los trabajadores.
La represión política y la transformación económica terminaron formando parte de un mismo escenario. La investigación del Archivo Nacional de la Memoria señala que después de 1955 se buscó avanzar sobre conquistas obtenidas por el movimiento obrero durante el período 1943-1955 y relaciona el proceso de racionalización económica con el disciplinamiento de la mano de obra.
Por eso, mirar solamente las variables financieras sería insuficiente. El verdadero alcance de la transformación aparece cuando se observan juntas las importaciones, el sistema financiero, el salario, la industria y la capacidad de organización de los trabajadores.
En ese sentido, 1955 puede ser considerado un punto de partida de una nueva etapa. No fue todavía el neoliberalismo de los años noventa ni la liberalización financiera radical de la dictadura de 1976. Pero sí produjo un cambio significativo en la dirección de la política económica: menos Estado como organizador del crédito y del comercio, mayor apertura al capital privado y extranjero, mayor vinculación con los organismos financieros internacionales y una modificación de la distribución del ingreso que afectó particularmente a los asalariados.
La historia que comienza allí no será lineal. Habrá desarrollismo, industrialización, nacionalismo económico, regulación estatal y nuevos ciclos de apertura. Pero algunas de las herramientas introducidas o recuperadas después de 1955 volverán a aparecer, con distintas intensidades, en otros momentos.
Aramburu no inauguró por sí solo siete décadas de liberalismo económico. Pero sí abrió una puerta que otros gobiernos volverían a atravesar: la puerta de la apertura comercial, la liberalización financiera, el capital extranjero y una nueva relación entre el Estado y los trabajadores.
Fuentes
Archivo Nacional de la Memoria / Secretaría de Derechos Humanos — “Plan CONINTES” Documento completo: Plan CONINTES – Archivo Nacional de la Memoria
Banco Central de la República Argentina — Memoria Anual 1955. Memoria Anual 1955 – BCRA
Banco Central de la República Argentina — Memoria Anual 1956. Memoria Anual 1956 – BCRA
Banco Central de la República Argentina — Acuerdos con el FMI. Historial de acuerdos Argentina–FMI – BCRA
CONICET — Historia económica argentina: regulación del sistema bancario (1945-1976). CONICET – Historia económica argentina y regulación del sistema bancario
CONICET — Historia económica y financiera argentina. CONICET – Historia económica y financiera argentina
Argentina.gob.ar — “La Revolución Libertadora y el nuevo régimen militar”. La Revolución Libertadora y el nuevo régimen militar – Argentina.gob.ar
Links relacionados
1. “Librecambio”
Nota vinculada con “El viejo cuento de la crisis provocada y el ajuste permanente”, un artículo que permite profundizar la relación entre liberalismo económico, crisis, ajuste y la continuidad de determinadas recetas económicas desde 1955 hasta la actualidad.
librecambio → El viejo cuento de la crisis provocada y el ajuste permanente
2. “Aramburu y el regreso al FMI”
Nota vinculada con “Soberanía o Dependencia: El Rechazo de Perón al FMI (1946-1955)”, que permite contextualizar el cambio producido después del golpe de 1955 y el ingreso argentino al FMI durante la Revolución Libertadora.
FMI → Soberanía o Dependencia: El Rechazo de Perón al FMI (1946-1955)
3. “IAPI y comercio exterior”
Nota vinculada con “El Boicot Invisible: Por qué el Plan Marshall fue el Misil de EE.UU. contra la Soberanía Económica Argentina (1946-1955)”, que permite comprender qué papel tenía el Estado en el comercio exterior antes de 1955 y qué significó posteriormente desmontar ese esquema. (Walter Onorato)
IAPI → El Boicot Invisible: Por qué el Plan Marshall fue el Misil de EE.UU. contra la Soberanía Económica Argentina
4. “Industria nacional y sustitución de importaciones”
Nota vinculada con “La Transformación de la Industria Argentina en 1943: La Era de la Industrialización por Sustitución de Importaciones”, que sirve como antecedente para entender qué modelo productivo comenzó a ser discutido y posteriormente desmontado en distintos períodos de apertura económica.
Industria → La Transformación de la Industria Argentina en 1943: La Era de la Industrialización por Sustitución de Importaciones
5. “Industria, trabajo y mercado interno”
Nota vinculada con “La Transformación Industrial en Argentina en 1943: Migraciones Internas y Configuración del Espacio Urbano”, que permite observar cómo la expansión industrial estuvo asociada al crecimiento del empleo y a las transformaciones sociales y urbanas.
Industria y trabajadores → La Transformación Industrial en Argentina en 1943
6. “Liberalismo y modelo económico argentino”
Nota vinculada con “Terminamos definitivamente con el mito de los ‘80 años de peronismo’”, que propone una mirada histórica sobre la presencia del liberalismo económico y los períodos de gobierno que suelen quedar fuera de ese relato.
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7. “Especulación financiera y crisis”
Nota vinculada con “El verso de la ‘Argentina próspera’ de 1880 que Milei quiere venderte: así explotó por los aires en 1890”, que permite ampliar históricamente el concepto de especulación financiera y mostrar que la relación entre endeudamiento, crédito, valorización de activos y crisis no comienza en el siglo XX.
Especulación financiera → El verso de la “Argentina próspera” de 1880 que Milei quiere venderte


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