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La Sociedad Rural Argentina nació cuestionando el librecambio: la historia que incomoda al discurso del libre mercado

Mucho antes de convertirse en uno de los principales actores del debate económico argentino, la Sociedad Rural Argentina nació en medio de una crisis y con una agenda bastante menos dogmática de lo que su imagen posterior podría sugerir. Sus fundadores discutían cómo proteger la producción, diversificar el campo y desarrollar una economía menos dependiente de los mercados externos.




La Rural que nació en medio de una crisis

La Sociedad Rural Argentina fue fundada el 10 de julio de 1866, cuando el modelo productivo argentino atravesaba una crisis profunda. La producción ganadera había crecido fuertemente durante los años anteriores, especialmente la actividad ovina vinculada a la demanda de las industrias textiles europeas, pero el escenario internacional comenzó a cerrarse para los productores locales.

La crisis no fue solamente un problema de precios. Los productores enfrentaban dificultades para colocar sus productos, mientras la escasez de circulante y el elevado costo del crédito agravaban la situación. La crisis de 1866 encontró así a los ganaderos ante una pregunta incómoda: qué hacer cuando depender de los mercados externos dejaba de garantizar prosperidad.

La respuesta de un sector de los estancieros no consistió simplemente en pedir que el Estado se retirara. Por el contrario, comenzó a plantearse la necesidad de transformar la estructura productiva, diversificar las actividades rurales, incorporar nuevas técnicas y buscar mecanismos que permitieran desarrollar un capitalismo agrario más moderno.


Eduardo Olivera y una Rural bastante distinta

En ese proceso tuvo un papel central Eduardo Olivera, uno de los principales impulsores de la nueva entidad y secretario de su primera comisión directiva. José Toribio Martínez de Hoz ocupó la presidencia, mientras Olivera quedó vinculado desde el comienzo a la elaboración de las ideas y programas de la institución.

Y es precisamente Olivera quien permite desmontar una simplificación histórica. Su pensamiento sobre la producción rural no estaba basado en aceptar pasivamente las reglas del mercado internacional. Al analizar la situación del campo, sostuvo que el librecambio resultaba perjudicial para la agricultura y reclamó revisar las políticas económicas que condicionaban su desarrollo.

La cuestión no era menor. Para Olivera, la riqueza no podía depender de una única actividad. Propuso combinar agricultura y ganadería y ampliar las ramas productivas mediante la cría de cerdos, cabras de Angora, aves de corral y gusanos de seda. También defendió la plantación de bosques como una herramienta para proteger los suelos frente a la erosión.

En otras palabras, la modernización que imaginaba no significaba simplemente producir más de lo mismo. Significaba producir de otra manera y, sobre todo, producir cosas diferentes.


El campo como industria y no solamente como exportador de materias primas

Los documentos de los primeros años de la Sociedad Rural muestran además una preocupación concreta por transformar las técnicas de producción. Entre los objetivos iniciales aparecían la mejora del pastoreo, la combinación con la agricultura, el estudio de nuevas especies ganaderas, la difusión de conocimientos agrícolas y la incorporación de mejores instrumentos de labranza.

La publicación de los Anales de la Sociedad Rural Argentina fue parte de ese proyecto. Desde allí se difundían conocimientos técnicos, experiencias productivas y propuestas destinadas a modificar las prácticas tradicionales del campo. La intención era convertir la actividad rural en una producción más racional, tecnificada y diversificada.

Olivera también defendía el desarrollo de una industria rural y la expansión de la agricultura. Incluso planteaba mecanismos para facilitar el acceso a la tierra y al crédito, junto con modificaciones que permitieran reducir los costos que pesaban sobre los productores.

El dato resulta particularmente significativo porque revela que, en los primeros años de la entidad, la discusión no giraba únicamente alrededor de cuánto exportar. También se discutía qué producir, cómo producirlo y qué condiciones económicas necesitaba el país para dejar de depender exclusivamente de la venta de materias primas.


Cuando los ganaderos comenzaron a mirar hacia la industria

La crisis también abrió una discusión sobre la industrialización de los productos agropecuarios. Estudios históricos señalan que varios integrantes de la naciente Sociedad Rural Argentina comenzaron a defender posiciones favorables al proteccionismo y a la instalación de manufacturas locales. Entre ellos aparecían Olivera, Paz y Jurado.

El razonamiento tenía una raíz concreta: si los mercados extranjeros dejaban de comprar, producir exclusivamente para exportar podía convertirse en una trampa. La alternativa consistía en procesar dentro del país parte de aquello que se producía en el campo y crear nuevas actividades capaces de absorber materias primas nacionales.

En ese contexto surgieron iniciativas para industrializar la lana. Incluso algunos miembros de la Sociedad Rural participaron en proyectos destinados a instalar una fábrica de paños. La intención era procesar localmente una producción que sufría los vaivenes de los mercados internacionales.

No se trataba, sin embargo, de una ruptura completa y definitiva con el liberalismo. Los historiadores señalan que muchas de aquellas posiciones proteccionistas respondían también a una necesidad coyuntural: los ganaderos necesitaban encontrar una salida para sus productos frente al cierre o retracción de mercados externos.

Pero justamente allí aparece el punto histórico más interesante: ante una crisis concreta, algunos de los sectores propietarios que luego serían asociados con el liberalismo económico reclamaron instrumentos que hoy suelen ser presentados como incompatibles con esa doctrina.


La paradoja histórica del “libre mercado”

La historia de la Sociedad Rural Argentina obliga a mirar con mayor cuidado las etiquetas políticas y económicas. La entidad no nació como una organización dedicada exclusivamente a defender el librecambio, sino como una respuesta de sectores rurales ante una crisis que había puesto en evidencia los límites de un modelo demasiado dependiente de los mercados internacionales.

Su programa inicial incluía modernización, diversificación productiva, agricultura, ganadería, investigación, tecnología, crédito e incluso proyectos industriales. Olivera sostenía que la combinación entre agricultura y ganadería podía aumentar la renta y fortalecer la producción, mientras reclamaba cambios en las condiciones que dificultaban el desarrollo del campo.

La contradicción se vuelve todavía más visible cuando se observa la evolución posterior. Investigaciones históricas señalan que, con el paso del tiempo, sectores dominantes dentro de la entidad fueron adoptando posiciones más claramente antiindustrialistas y vinculadas al liberalismo económico. Hacia 1877, esa transformación ya podía observarse en sectores de los terratenientes asociados a la Rural.

Por eso, reducir la historia de la Sociedad Rural Argentina a una defensa permanente e inmutable del libre comercio supone borrar precisamente los años en los que sus propios fundadores discutían cómo proteger la producción, diversificar el campo e impulsar industrias vinculadas al agro.


Una historia que vuelve incómodas algunas certezas

La fundación de la Sociedad Rural Argentina muestra que las posiciones económicas no fueron siempre tan lineales como suelen presentarse retrospectivamente. En 1866, la crisis obligó a los productores a discutir algo que sigue siendo central en cualquier economía dependiente de los mercados internacionales: qué ocurre cuando el exterior deja de comprar aquello que un país produce.

Olivera y otros dirigentes rurales respondieron proponiendo diversificación, modernización y desarrollo de nuevas actividades. También cuestionaron aspectos del librecambio y acompañaron iniciativas que buscaban industrializar materias primas nacionales.

La paradoja histórica queda planteada sin necesidad de exageraciones: la Sociedad Rural Argentina nació en un momento en que parte de sus fundadores entendía que dejar todo librado al mercado internacional podía ser perjudicial para la producción argentina.

Más que una anécdota del siglo XIX, aquella discusión revela una tensión persistente de la economía nacional: exportar materias primas y aceptar las condiciones del mercado externo, o intentar diversificar, industrializar y construir herramientas propias para reducir la vulnerabilidad frente a las crisis internacionales.

La historia, en este caso, no ofrece una consigna sencilla. Ofrece algo más incómodo: evidencia de que incluso los sectores que defendían sus intereses económicos podían reclamar, cuando la realidad los golpeaba, políticas que hoy suelen ser presentadas como el reverso exacto de sus propias tradiciones.


Fuentes

Chiaramonte, J. C. (1971). Nacionalismo y liberalismo económicos en Argentina, 1860-1880. Solar/Hachette.

Odisio, J. (2018). Endeudamiento externo y pensamiento heterodoxo. CONICET.

Sociedad Rural Argentina. (1867). Anales de la Sociedad Rural Argentina. Buenos Aires, Imprenta Americana.

Frers, E. (1918). Cuestiones agrarias. Sistema Argentino de Información Jurídica.

Universidad Nacional de La Plata. (s. f.). La crisis ganadera: Ideas en torno a un cambio en la estructura económica y social del país (1866-1871). Memoria Académica.


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