Perón y el acuerdo que frenó los buques de guerra en la Antártida sin abandonar el reclamo argentino - HISTORIANDOLA

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Perón y el acuerdo que frenó los buques de guerra en la Antártida sin abandonar el reclamo argentino

Tras los incidentes antárticos en Bahía Esperanza, el gobierno de Juan Domingo Perón avanzó hacia una salida diplomática con Gran Bretaña y Chile.


El 26 de noviembre de 1952, Argentina comunicó que no preveía enviar buques de guerra al sur del paralelo 60° durante la temporada 1952-1953, salvo movimientos habituales.




Después de los disparos, llegó la diplomacia

El acuerdo sobre el uso de buques de guerra en la Antártida fue una de las respuestas diplomáticas a un período marcado por fuertes tensiones entre Argentina, Gran Bretaña y Chile. La documentación británica conservada en el expediente muestra que los tres gobiernos buscaban evitar nuevos incidentes que pudieran afectar sus relaciones.


El mecanismo no implicó, según el documento, una resolución de las disputas territoriales. Se trató de una decisión destinada a reducir la presencia de buques de guerra al sur del paralelo 60° durante la temporada antártica 1952-1953.


La diferencia es sustancial: se podía limitar la utilización de fuerzas navales sin convertir esa decisión en una definición sobre la soberanía.



La estrategia diplomática del gobierno de Perón

Después de los episodios de tensión en la Antártida, el gobierno argentino avanzó hacia una estrategia destinada a evitar nuevos incidentes militares sin convertir esa decisión en una renuncia a sus posiciones sobre la soberanía. La documentación británica incorporada al expediente permite reconstruir que esta política no fue improvisada: formaba parte de un mecanismo diplomático que Argentina, Gran Bretaña y Chile venían renovando desde años anteriores.


El antecedente inmediato era la declaración conjunta sobre la Antártida acordada por los gobiernos de Argentina, Gran Bretaña y Chile el 19 de noviembre de 1951. La propia nota argentina del 26 de noviembre de 1952 señala que el nuevo compromiso se adoptaba de acuerdo con el entendimiento alcanzado para renovar aquella declaración.


La documentación británica agrega un dato todavía más significativo: durante las cuatro temporadas antárticas anteriores, los tres gobiernos se habían comunicado mutuamente que no consideraban necesario enviar buques navales al sur del paralelo 60°, salvo aquellos movimientos que ya se habían convertido en habituales. Es decir, existía una práctica diplomática previa destinada a reducir el riesgo de incidentes en la región.


Una negociación para evitar que la disputa terminara en otro incidente

En 1952, Londres, Buenos Aires y Santiago decidieron avanzar un paso más. Según el comunicado británico, los gobiernos habían mantenido conversaciones para determinar si ese entendimiento podía extenderse a la nueva temporada antártica. Como resultado de esas conversaciones, el 26 de noviembre intercambiaron declaraciones con el mismo objetivo.


La declaración argentina fue entregada formalmente a la Embajada británica en Buenos Aires. El expediente registra que el embajador británico en Buenos Aires, Sir Henry B. Mack, acompañado por el encargado de negocios chileno, se reunió con el ministro argentino de Relaciones Exteriores y culto, Jerónimo Remorino, para recibir la posición del gobierno argentino sobre la restricción de las actividades navales en aguas antárticas.


El texto argentino comenzaba con una definición política precisa: el Gobierno buscaba evitar cualquier malentendido en la Antártida que pudiera afectar las relaciones amistosas entre Argentina, Gran Bretaña y Chile.


Después llegaba el compromiso concreto. Argentina comunicaba que, en las circunstancias existentes, no preveía la necesidad de enviar buques de guerra al sur de los 60° de latitud sur durante la temporada antártica 1952-1953, con la excepción de los movimientos que habían sido habituales durante varios años.


La clave: limitar los buques, no negociar la soberanía

Este punto merece ser subrayado porque permite evitar una interpretación equivocada del documento. La declaración argentina habla de restricción de actividades navales. No contiene una renuncia a los reclamos territoriales argentinos ni un reconocimiento de soberanía británica.


El acuerdo operaba sobre otro terreno: la utilización de fuerzas navales al sur del paralelo 60°. La disputa territorial permanecía, pero los tres gobiernos buscaban evitar que los buques de guerra fueran el factor que desencadenara nuevos enfrentamientos. Esa finalidad aparece expresamente en el comunicado británico, que vincula las declaraciones con la necesidad de evitar incidentes y “fricción innecesaria” en la Antártida.


Por eso, resulta más preciso definir la política como una desescalada militar acompañada por el mantenimiento de las posiciones diplomáticas.


Argentina no actuó sola

La documentación también permite advertir que el entendimiento no fue una negociación bilateral entre Buenos Aires y Londres.


Chile participó del mismo mecanismo y presentó una declaración prácticamente idéntica. El 26 de noviembre de 1952, el gobierno chileno comunicó a Gran Bretaña que tampoco preveía la necesidad de enviar buques de guerra al sur del paralelo 60° durante la temporada 1952-1953, salvo los movimientos que habían sido habituales durante años.


La coordinación diplomática fue, por lo tanto, tripartita. Argentina, Chile y Gran Bretaña intercambiaron compromisos paralelos para reducir la posibilidad de incidentes.


El propio expediente británico confirma que las conversaciones habían sido realizadas entre los gobiernos involucrados y que el resultado fueron declaraciones intercambiadas el mismo día.


Una salida diplomática después de años de tensión

El valor de la documentación está también en mostrar que el acuerdo no surgió como un episodio aislado. El gobierno británico señala que durante cuatro temporadas antárticas anteriores ya existía este mecanismo de comunicación entre los tres países.


Lo que hicieron en noviembre de 1952 fue extender ese entendimiento a la temporada 1952-1953. La decisión tenía un objetivo explícito: reducir el riesgo de nuevos incidentes capaces de afectar las relaciones entre las tres naciones.


Y allí aparece la dimensión política de la estrategia del gobierno de Perón: frente a una disputa territorial que no estaba resuelta, la diplomacia buscó establecer límites concretos a la confrontación militar.


No se trataba de resolver quién tenía razón sobre la soberanía. Se trataba de impedir que esa disputa terminara nuevamente bajo la lógica de los cañones.


Una fórmula de equilibrio

La declaración argentina puede leerse, entonces, como una fórmula de equilibrio: mantener las posiciones sobre la cuestión antártica y, simultáneamente, reducir la posibilidad de un enfrentamiento armado.


El compromiso tenía además un límite claro. No prohibía absolutamente todos los movimientos navales: permitía aquellas actividades consideradas habituales desde hacía varios años.


Esto demuestra que no se trataba de una desmilitarización total de la Antártida, sino de una restricción específica sobre el envío de buques de guerra al sur del paralelo 60° durante una temporada determinada.


El expediente británico termina de revelar el propósito de la operación diplomática: Londres confiaba en que las declaraciones paralelas permitieran continuar evitando incidentes capaces de generar fricciones innecesarias entre los tres paises. Estados Unidos, además, fue mantenido informado sobre las conversaciones.


El dato que cambia la interpretación

Así, la documentación permite formular una conclusión mucho más sólida que la idea de que Perón simplemente “negoció con Inglaterra”.


El gobierno argentino participó de un mecanismo diplomático tripartito que permitió limitar el uso de buques de guerra al sur del paralelo 60°, mientras el documento no registra ninguna renuncia argentina a sus posiciones de soberanía.


Después de una etapa de tensión, la respuesta fue establecer una regla de comportamiento.


Y quizás allí esté lo más interesante del episodio: la soberanía no se puso en la mesa de negociación; lo que se puso en discusión fue la forma de evitar que la disputa por esa soberanía volviera a terminar en un enfrentamiento militar.


La documentación aportada permite sostener cada uno de estos puntos con el expediente original.



No fue una capitulación: fue una limitación militar

La documentación permite distinguir entre dos cuestiones que fácilmente pueden confundirse.


Una cosa era la disputa territorial sobre la Antártida. Otra, muy diferente, era el riesgo de que la presencia de buques de guerra provocara nuevos enfrentamientos.


El comunicado británico incluido en el expediente explica que durante las cuatro temporadas antárticas anteriores los tres gobiernos ya se habían comunicado mutuamente que no consideraban necesario enviar buques navales al sur del paralelo 60°, salvo aquellos movimientos que se habían vuelto habituales.


En 1952, Londres, Buenos Aires y Santiago mantuvieron nuevas conversaciones para extender ese entendimiento a la temporada siguiente. El resultado fueron declaraciones paralelas intercambiadas el 26 de noviembre.


No hubo, en el documento aportado, una declaración mediante la cual Argentina abandonara sus reclamos territoriales.



Una negociación que involucró a tres países

El papel de Chile también fue central. Ese mismo 26 de noviembre, el representante británico en Santiago informó que había sido recibido por el canciller chileno junto con el embajador argentino. En esa reunión recibió la comunicación chilena sobre la restricción de actividades navales en aguas antárticas.


La declaración chilena utilizó prácticamente la misma fórmula que la argentina: Santiago comunicó que no preveía la necesidad de enviar buques de guerra al sur de los 60° durante la temporada 1952-1953, exceptuando los movimientos habituales.


Así, la salida diplomática fue tripartita. Argentina, Gran Bretaña y Chile aceptaron limitar sus movimientos navales para disminuir el riesgo de nuevos incidentes.


El objetivo estaba escrito en el documento británico

El expediente permite conocer también cómo interpretaba Londres el entendimiento. El comunicado británico señala que las conversaciones buscaban evitar el riesgo de incidentes durante las temporadas antárticas que pudieran alterar las relaciones amistosas entre los países. Tras el intercambio de declaraciones, el gobierno británico expresó su expectativa de que esas decisiones permitieran evitar situaciones capaces de generar “fricción innecesaria” en la Antártida.


La frase resulta reveladora porque muestra cuál era el problema concreto que los gobiernos pretendían contener: la posibilidad de que la disputa territorial terminara provocando nuevos enfrentamientos militares.


Después de una etapa de tensión, la diplomacia reemplazó a la demostración naval.


Perón: firmeza territorial y contención militar

La documentación permite sostener que el gobierno de Perón participó de una estrategia de contención militar sin abandonar el escenario diplomático de la soberanía.


Sin embargo, hay que ser rigurosos con un punto: el documento aportado no permite atribuir personalmente a Perón la redacción o conducción de esta negociación. Lo que sí demuestra es que el gobierno argentino, a través del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, formalizó el compromiso el 26 de noviembre de 1952.


Por eso, más que hablar de una negociación personal de Perón con Inglaterra, la evidencia permite hablar de una estrategia diplomática del gobierno peronista.

Y esa diferencia importa.


El límite estaba en el paralelo 60°

El compromiso argentino tenía un límite geográfico preciso: 60° de latitud sur. Al sur de esa línea, durante la temporada antártica 1952-1953, Argentina no preveía enviar buques de guerra, salvo aquellos movimientos considerados habituales. Gran Bretaña y Chile asumieron declaraciones equivalentes.


La medida tampoco significaba que desaparecieran las diferencias entre los tres países. El propio comunicado británico señala que el objetivo era evitar incidentes y fricciones, no resolver las controversias territoriales.


En otras palabras, la disputa permanecía, pero se intentaba impedir que los barcos de guerra fueran el instrumento para dirimirla.


La importancia histórica del entendimiento

El episodio revela una dimensión poco conocida de la política antártica argentina de aquellos años. Frente a un escenario en el que la presencia militar podía generar incidentes, el gobierno de Perón participó de un mecanismo diplomático que buscó desactivar el riesgo sin convertir la restricción naval en una renuncia territorial.


La fórmula fue sencilla, pero políticamente significativa: limitar la presencia de buques de guerra, conservar las posiciones diplomáticas y evitar que una disputa territorial derivara en una escalada militar.


Además, el expediente muestra que Estados Unidos fue informado de las conversaciones y de las declaraciones intercambiadas.


El resultado no fue una paz definitiva sobre la soberanía antártica. Fue algo más concreto: un mecanismo de contención que permitió a tres países enfrentados por sus intereses territoriales reducir el riesgo de nuevos incidentes durante una temporada antártica.


Y allí está quizás el dato más contundente: después de los disparos, la respuesta no fue profundizar la confrontación, sino sentarse a negociar reglas para que los buques de guerra no volvieran a convertir una disputa territorial en un enfrentamiento armado.


Fuentes

British Embassy Buenos Aires. (1952, 27 de noviembre). Despatch No. 229: Argentine Government's declaration regarding restriction of naval activities in Antarctic waters. Foreign Office, expediente FO 371/7392. Documento aportado: AU-ATADD-1-BB-AR-333.

Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina. (1952, 26 de noviembre). Declaración argentina sobre la restricción de actividades navales en aguas antárticas. No. 1850. Documento reproducido en la documentación de la Embajada británica.

Gobierno de Chile, Ministerio de Relaciones Exteriores. (1952, 26 de noviembre). Declaración sobre la restricción de actividades navales en aguas antárticas. Documento reproducido en el expediente de la Embajada británica en Santiago.

British Embassy Santiago. (1952, 26 de noviembre). Despatch No. 175: Exchange of declarations restricting naval activity in Antarctic waters. Foreign Office, expediente FO 371/7392. Documento aportado: AU-ATADD-1-BB-AR-333.


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